El síndrome de Hakutaku y el ojo de las Grayas

Ernesto Pompeyo Cerda Serna DETONA®  Ramón Alberto o la ceguera de la primicia.

Por Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Periodista entre mitos y titulares
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El presente escrito se realiza como un recordatorio de lo expresado por Ramón Alberto en diferentes medios de comunicación, donde aseguró de forma categórica que la presidenta Sheinbaum renunciaría el 16 de septiembre. 

Tras fallar en su predicción, cambió la fecha para el 2 de octubre. 

Hoy, 18 de octubre, la profecía del "Monstruo de la Primicia" sigue sin cumplirse.

  • La aritmética de la impaciencia es exacta:
  • Septiembre: 14 días (del 16 al 30).
  • Octubre: 18 días (del 1 al 18).

Total acumulado: 32 días de cautela ignorada, equivalentes a 768 horas de una primicia que nunca llegó.

Prólogo: El nacimiento del "Monstruo de la Primicia"

Al revisar las notas de mi libro Kratología, recordé una anécdota que me contó el periodista Jorge Villegas, quien escribió el prólogo de esa obra.

Jorge, un viejo periodista y cronista de los que aún cargaban en el saco el olor a café amargo y tinta de imprenta, me relató que en una ocasión se detuvo detrás del hombro de un joven reportero. 

Vio sus dedos suspendidos sobre el botón de «Publicar» y le puso una mano pesada en la espalda.

—Suéltalo, muchacho —le susurró con una voz gastada por los desengaños—. 

Sé lo que estás pensando. 

Crees que si no lo lanzas ya, otro se va a quedar con tu gloria. 

Pero acuérdate del viejo dicho: 

  • No por mucho madrugar amanece más temprano. 

El hecho va a ocurrir igual, con o sin tu nota, forzar el tiempo no va a cambiar la realidad, solo te va a devorar a ti.

El joven no se movió. 

El reflejo del monitor iluminaba la ambición en sus ojos hambrientos. 

Escuchaba el consejo, pero para su lógica retorcida, el viejo pertenecía a una era extinta. 

En el periodismo moderno, la paciencia no era una virtud; era un suicidio profesional. 

Sabía perfectamente que la prisa es mala consejera —lo había visto en docenas de carreras destruidas por un dato falso—, pero el miedo a la cautela era mucho mayor que el miedo al error. 

Si se equivocaba, pediría perdón mañana, si esperaba, dejaría de existir hoy.

  • Apartó la mano del anciano con un sutil empujón, clavó la mirada en el titular y presionó la tecla.
  • El viejo cronista soltó una risa seca, desprovista de gracia, al ver la mirada desorbitada del joven.

—Mírate —dijo el viejo, cruzándose de brazos—. 

Te crees una especie de Hakutaku moderno. 

Sí, esa bestia de los libros orientales que tiene mil ojos repartidos por el cuerpo y presume de conocer cada peligro antes de que ocurra. 

Te sientas ahí con tus tres monitores, tus alertas de última hora y tus contactos políticos, gubernamentales y policiales, jurando que tus ojos virtuales ven el futuro del mundo. 

Pero te olvidas de cómo termina la historia: 

Al Hakutaku lo atraparon por estúpido, por no ser capaz de prever que un simple humano lo estaba emboscando mientras él miraba las estrellas.

  • El muchacho apretó los dientes, manteniendo el dedo inmóvil sobre el teclado.
  • El viejo se inclinó un poco más, dejando que el aroma de su café invadiera el espacio.

—Y si nos ponemos occidentales, tu destino no es más digno. 

Eres exactamente como las Grayas. 

Tres viejas malditas que compartían un solo ojo para vigilar el universo entero. 

Vivían obsesionadas con la anticipación, pasándose el ojo de mano en mano con una prisa histérica para que nadie las tomara por sorpresa.

¿Y qué pasó? 

Llegó Perseo, calculó el milisegundo exacto del relevo, les robó el ojo en el aire y las dejó ciegas en mitad de la noche. 

Eso es tu primicia, sabelotodo: 

Tu único ojo. 

Estás tan apurado por pasárselo al público antes que los demás, que vas a terminar perdiéndolo en el aire. 

Y cuando te des cuenta, la realidad te habrá dejado a oscuras.

En ese preciso segundo, las palabras cobraron sentido. 

El hombre en el escritorio murió y nació el Monstruo, un Hakutaku norteño. 

El amanecer, por supuesto, no llegó antes, pero la oscuridad ya era completamente suya.

Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Correo: cerda999@hotmail.com Contador Público y Auditor. Socio del Despacho D. E. C. y Miembro del Despacho Internacional PKF North American. Autor de los libros. Adiccionario Político. Kratologia. Literatura y Poder.