Libros

El fuego de la palabra

Gerson Gómez DETONA® El Umbral del Periodista, de la nota al aliento.

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Por Gerson Gómez
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Escribir una primera novela después de haber gastado kilómetros de tinta en la columna editorial es, por decir lo menos, un acto de audacia. 

  • Rozaría la imprudencia si no fuera porque quien firma es Rogelio Ríos Herrán. 

En México, el paso del periodismo a la narrativa es una tradición de gigantes, desde los relámpagos de Jorge Ibargüengoitia hasta la precisión quirúrgica de Vicente Leñero.

Rogelio se suma a esta estirpe no como un diletante, sino como un estratega. 

Como bien escribió Gabriel García Márquez, "el periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse mediante su confrontación con la realidad".

En El calor de mis besos, la realidad ya no es el dato duro de la inflación o el último giro de la política nacional, es la realidad inasible del sentimiento. 

Aquí, el autor utiliza su pericia de observador para no dejar al sentimiento se desborde en ternura, hay una sobriedad, se agradece, la elegancia no pide permiso y se instala en la primera edición del libro con la autoridad de quien sabe que la palabra es el arma más peligrosa.

El Laberinto de los Afectos.

La trama de El calor de mis besos es un mecanismo de relojería activado con el primer roce. 

No estamos ante una historia de amor convencional, estamos ante una disección de la vulnerabilidad humana. 

Ríos Herrán nos conduce por los pasillos de una intimidad se percibe prohibida, casi robada al ruido cotidiano de un México convulso.

Recordamos aquí a Albert Camus cuando afirmaba "la ficción es la mentira a través de la cual decimos la verdad". 
  • Rogelio miente con maestría para decirnos una verdad incómoda. 

El amor, en su estado más puro, es un acto de resistencia, la trama se desenvuelve con un ritmo lúdico, el autor juega con el lector, lo lleva de la mano por descripciones sensoriales donde el calor es casi un sudor frío, una presencia climática envuelve las decisiones de los protagonistas.

  • El entorno social.
  • La Ciudad como espejo.

Rogelio Ríos conoce las alcantarillas y los palacios del poder en México, esa sabiduría se filtra en la novela de manera sutil pero implacable, los protagonistas no habitan un vacío; respiran el aire viciado de una sociedad impone máscaras.

Como sugería Honoré de Balzac, el novelista debe ser el secretario de su época, Rogelio, en esta primera edición, funge como un cronista del alma social. 

El contexto cultural del país aparece en las citas, en los gustos de los personajes, en la forma de moverse por la geografía urbana, hay un compromiso ético en su escritura. 

No ignorar el mundo exterior mientras se explora el incendio interior