Gastronomía

No todas las mesas son iguales

Roberto Echeverría Venegas DETONA®  La semana pasada hablamos de la mesa tempranera. De cómo cada vez cenamos más temprano en Monterrey.

Roberto Echeverría Venegas
Por Roberto Echeverría Venegas
Foto tomada de la red
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De cómo está cambiando el ritmo de la mesa. 

Pero hay algo igual de importante —y mucho menos visible— que también define una gran experiencia. 

Quién te atiende.

No todas las mesas son iguales Podemos ir al mismo restaurante. 

Pedir los mismos platillos, abrir la misma botella, y aún así, vivir dos experiencias completamente distintas. 

La diferencia no siempre está en la cocina, muchas veces… está en el servicio. 

En ese momento en el que alguien se acerca a tu mesa y, sin que te des cuenta, empieza a marcar el ritmo de toda la experiencia. 

El mesero como curador

Un buen mesero no solo toma la orden, observa, lee la mesa, entiende si van con prisa o si quieren quedarse. 

Detecta si alguien sabe de vino… o si prefiere que lo guíen.

Y a partir de ahí, propone.

“Esto está saliendo muy bien hoy,” ese vino les puede gustar más,” “si quieren algo más ligero, váyanse por aquí.” 

No impone, sugiere, pero esa sugerencia —bien hecha— puede cambiar por completo la experiencia. 

El ritmo invisible hay algo que casi nunca notamos, pero siempre sentimos, el timing, cuándo llega el siguiente plato. 

Cuándo se vuelve a servir la copa, cuándo alguien se acerca, o decide no interrumpir.

Un buen mesero entiende que la mesa tiene su propio ritmo, y lo respeta, ni acelera, ni abandona. 

Acompaña.

El vino sabe distinto cuando alguien lo cuenta bien En el vino esto es todavía más evidente.

No es lo mismo abrir una botella… que entenderla. 

Y muchas veces, esa diferencia no viene del sommelier en una gran experiencia, viene del mesero que te la recomendó. 

Del que te dijo por qué ese vino y no otro, del que lo sirve en el momento correcto, del que vuelve a llenar la copa sin que tengas que pedirlo, pequeños detalles. 

Pero en la suma, hacen toda la diferencia. 

El lujo que no se ve En una ciudad como Monterrey, donde muchas veces asociamos el lujo con el lugar, el precio o la etiqueta, hay algo que estamos empezando a valorar más. 

  • La atención
  • sentirte escuchado
  • sentirte entendido
  • sentirte acompañado sin sentirte invadido. 

Porque al final, una gran experiencia no solo se trata de lo que hay en la mesa. 

Se trata de cómo te hacen sentir en ella, y  eso —aunque no venga en el menú— es quizá lo más importante de todo

Conocer, es no excederse.