¿Por qué le llamo psicópatas del algoritmo a los dueños de la plataforma Tía Paty que dañó a muchos regiomontanos?

Adolf Tobeña.
Poco después me contacté con este hombre de ciencia, Tobeña no es amable ni cordial y va directo al punto.
De lo que he aprendido de este científico español de primer nivel, inventé un nuevo término: psicópatas del algoritmo.
Lo uso ahora para explicar la enfermedad mental de los involucrados en un caso que empezó como una cuenta de Instagram dedicada a “quemones”, chismes y morbo regiomontano.
Luego se transformó en una máquina de humillación, control y lucro.
La llamada “Tía Paty” ya no es solo una página de redes sociales, es el espejo oscuro de cómo la crueldad humana se adapta al mundo digital, operando con el cálculo frío de los psicópatas del algoritmo, es decir, de quienes convierten el sufrimiento ajeno en fuente de ingresos ilegales.
Como lo expliqué en un artículo anterior, la Fiscalía General de Justicia de Nuevo León investiga al menos siete denuncias formales, aunque se sospecha que las víctimas reales son muchas más.
Los psicópatas del algoritmo.
Que formaron una especie de cártel digital, recolectaban fotos y videos íntimos, publicaban datos privados para destruir reputaciones de nuevoleoneses y exigían pagos que llegaban hasta $600,000 pesos a cambio del silencio digital.
¿Para qué más servían estas cuentas? Como fachada para promover servicios de escort, lo que ha abierto una línea de investigación por posibles delitos de trata de personas.
Este caso de hipocresía regiomontana, con múltiples cómplices directos e indirectos, no es un escándalo cibernético más.
Es la manifestación perfecta de una nueva especie de depredadores:
Los psicópatas del algoritmo.
En su libro Neurología de la maldad.
El psiquiatra que me recomendó Aldo, Adolf Tobeña, describe a los “psicópatas de cuello blanco” como individuos que combinan rasgos peligrosos con cualidades que les abren ventanas para delinquir en entornos de alta competencia:
Son creativos, audaces, ambiciosos, con enorme capacidad para mentir y, sobre todo, con “una reactividad fisiológica cero frente a los enormes perjuicios que causan a los demás”.
No necesitan mancharse las manos de sangre; su arma es el poder, la manipulación sutil y la ausencia total de empatía ante el daño económico o emocional que provocan en las víctimas.
Los administradores de “La Tía Paty” encarnan una versión actualizada y más peligrosa de ese perfil: los psicópatas del algoritmo.


