Una novia rara I

De buenas que ya es de noche porque este artículo está algo sicalíptico, espero que los güercos ya estén dormidos.
El caso del viejito solo, no mortificaba a nadie, la vida transcurría su diario devenir rutinario, cada quien con sus funciones vitales a como Dios les daba a entender en sus diferentes niveles sociopsicosociales.
Sin que nadie se desgarrara las vestiduras, resulta que por ahí andaba suelta una muchacha de casi 70 años, muy aficionada a los juegos de azar, lo que fuera, desde maquinitas, loterías, bingos, cartas, poker, burro (sin agraviar) empachado, Kon kian, 8 pocitos (sin albur).
Buena para hacer trampas, abandonada, porque ya nadie le aguantaba el vicio de los juegos de azar, recientemente a los casi 70 años, empezó a meter en líos a los médicos de Gine, argumentando por casi dos años y de manera muy aferrada.
Que ella cursaba con un embarazo cuando, independientemente de la edad, era conocido que desde los 50 años no ejercía actividad sexual, no tenía tratos con hombres, los odiaba con odio jarocho (con mujeres ¿quien sabe?).
En múltiples ocasiones y ya puestos de acuerdo los galenos, la enviaban al servicio de psiquiatría, la mujer nunca aceptó, siempre presumía de enviarlos por un tubo.
Y que de repente el viejito, de seguro que por azares del destino, la encuentra y empieza a compartir el gusto por el juego.
De gallo a grillo era pasársela en casinos, loterías, jugadas ilegales, hasta casinos en USA frecuentaron, por azares del destino y a pesar de la resistencia femenina se dio la actividad sexual, la característica inicial y principal de la primera vez.
Fue de que al estar ya dadas todas las condiciones fisiológicas necesarias para un canchis-canchis adecuado y satisfactorio, lugar solo, sin güercos que fueran a tocar la puerta, buen nivel de salud, ambiente relajado, humidificación abundante y oportuna, la cosa como pito de novio (recién casado).
La penetración no se daba, ni era factible, la contractura muscular (voluntaria) del piso pélvico se presentaba de tal forma tan intensa que evitaba la penetración, ni la puntita le entraba, hubo un momento en que el viejito ya desanimado, le espetó a la viejita, lo que el rancherito le dijo a la rancherita cuando se les ocurrió hacerlo a medio monte, entre las plantas de maíz de la melga del 6, "es inútil María, no te entra vámonos pa'la casa".
La ludópata aventuró un "insístele tantito como que la cabecita quiere entrar" y de repente como que el introito se relajó un poquito, porque el musculo liso perivaginal es liso (no voluntario), el glande alcanzó el extremo distal clitoridiano y que como fichas de dominó.
Se fueron relajando las fibras musculares lisas (de caracter involuntario como ya dije) y las fibras musculares estriadas del piso pélvico cedieron, como si de repente la tóxica se acordara de que como para que servía todo aquello.
Se hicieron la quejumbradera y la quejumbrosidad.
Nadie supo cuanto tiempo duró aquello hasta que por ahí de la medianoche se acabó el circo y por una semana ni palabra cruzaron, a la semana la mujer se comunicó.
"no te había hablado porque hasta ayer todavía sentía que traía aquel animalonzón dentro de mí ".
La risa hizo presa del viejito y pasó un mes antes de que se volvieran a comunicar.

