
1.
Del 2003 al 2023, el número de personas que en los EUA lee por placer disminuyó casi a la mitad, pasando del 28 al 16 por ciento.
Aunque el estudio se focaliza en los lectores norteamericanos, de seguro es un reflejo de lo que sucede en otros países.
No se piense que el sondeo incluyó solo la lectura de libros en papel, sino también revistas, periódicos y textos en artefactos electrónicos.
2.
Y digo que quedé sorprenido, porque con frecuencia se nos dice que leemos mucho.
En México, por ejemplo, es de suponer que repasamos casi cuatro libros al año, cuando la realidad parece otra.
Si antes veíamos en el transporte público o en un consultorio médico a alguien cargando un texto, o llegábamos a la casa del amigo y nos encontrábamos con su papá leyendo en un cómodo sofá de la sala, ahora la escenografía no ha cambiado, pero sí lo que tenemos frente a nuestros ojos: en vez de un volumen repleto de hojas, llevamos con nosotros un aparato pegado como prótesis.
3.
¿A qué se debe esta disminución de la lectura?
La explicación es multifactorial: tenemos menos tiempo para ella, por las prisas de ciudades colapsadas por el tráfico y obras públicas, que nos exigen traslados maratónicos, aunque los audio libros nos acompañan en esos largos periplos; el celular contiene muchas informaciones que antes debíamos consultar en los periódicos, y las ofertas de series televisivas supera con mucho la disponibilidad de obras clásicas en nuestros hogares.
- “¿Ya leíste Cien Años de Soledad?”, pregunté a un alumno.
- “No”, respondió, “pero la vi en Netflix”.
4.
Yo creo que la disminución en la lectura es una manifestación más de los corrientes tiempos posmodernos.
Ella exige paciencia, continuidad, mesura, serenidad, fortaleza y, sobre todo, atención, es decir, capacidad para no dejarnos llevar por la vorágine de estímulos que nos asaltan.
Y es que en medio de la fugacidad con la que se presenta la vida, y de la dispersión y fragmentación que nos arrastran, leer otorga una calma que necesitamos, aunque no lo queramos reconocer.
Al tomar un libro, la tableta o el celular para leer, nos estamos abrazando a nosotros mismos.
