Diez años después: cambiarlo todo para volver a empezar
Hace diez años, se fue consolidando un movimiento que tenía una ruta de cambios y transformaciones en favor de la mayoría de los hombres y mujeres de carne y hueso, siempre olvidados.
Pero en el camino, los que decían representar la esperanza, perdieron el rumbo.
Para reconquistar la esperanza, la tarea es hoy concientizar a hombres y mujeres de carne y hueso, a los pueblos originarios que defienden la vida y el territorio, las universidades, las organizaciones de derechos humanos, los intelectuales sustantivados, los artistas, los científicos de nuestro país.
La historia nos da ejemplos de que ni el autoritarismo, ni el totalitarismo toleran la libertad, ni el juicio ciudadano libre, ningún régimen político se somete a la autocrítica como la democracia.
En la democracia, se emiten juicios devastadores que otros regímenes políticos simple y llanamente acallan o silencian para siempre.
En esta nuestra era donde se privilegian: la banalidad, el show y postverdad, donde todo no solo es líquido, sino licuante.
Si estas condiciones perduran, la democracia es solo un simulacro y las urnas, que nos aguardan el 2 de junio, un símbolo de la impunidad, corrupción, del horror y de sangre.


