
Desde hace seis años, cuando la mayoría de la prensa elogiaba a Marcelo Ebrard como el político idóneo para ocupar la silla presidencial en 2024, aquí en Sin Ataduras lo cuestionamos en contra de la corriente mayoritaria.
Iniciado el actual gobierno, Ebrard ya se promovía como sucesor de AMLO con el cuento de que se la debía por haberle cedido la candidatura en 2012, a pesar de su desprestigio por la corrupción en la Línea 12 del metro, que lo mantuvo alejado durante dos años en el exilio dorado en París.
En la Secretaría de Relaciones Exteriores desplazó a los diplomáticos para colocar a inexpertos en los principales puestos administrativos y creó otros cargos de manera caprichosa sin tener autorización presupuestal.
Pierde ciudadanía mexicana
Desde entonces, Ebrard desdeñó las leyes y, según la Constitución, perdió la ciudadanía mexicana al aceptar y usar una condecoración extranjera sin permiso, como la que recibió hace poco en Honduras.
Ebrard utilizó la estructura de la SRE y del Servicio Exterior Mexicano para tejer alianzas con políticos y con periodistas con miras en la sucesión presidencial.
Nombró a parientes de senadores y columnistas en embajadas y consulados, que más allá de su capacidad, difícilmente estarían comisionados en ciudades norteamericanas y europeas.
Tuvo un equipo de comunicación social dedicado solamente a promover su persona.
Viajó solo acompañado de un joven jefe de prensa, nunca con un diplomático de carrera.
Abrió las cuentas de Twitter “Jóvenes con Marcelo”, “Todos con Marcelo” y cortejó a articulistas para proyectarse como el político moderno, el progresista, el innovador, el eficiente.
Mientras Ebrard estaba en la ola de la cresta deslumbrando al público por una supuesta eficiencia, habilidad y talento, aquí seguimos exhibiendo con argumentos y documentos la usurpación de funciones de su favorito Javier López Casarín, la compra irregular de pipas y vacunas, la asignación directa de contratos para pasaportes y el deficiente traslado de menajes de casa.





