
Describí su trabajoso caminar tras un tratamiento hospitalario.
Y arriesgué entonces la analogía de que su apuesta por la cautela extrema en España sólo lo había dejado en la antesala de la decrepitud.
“Un hombre de bien que quizá se equivocó en el momento en que era crucial seguir tomando riesgos”, concluí.
Luego ocurrió lo que ocurrió.
Y las certezas empezaron a erosionarse.
Don Edmundo apareció ayer en un video en el que conversa con María Corina Machado.
Ella, exultante, le dice: “Voy a poder abrazarte de nuevo, Edmundo; a ti y a tantos venezolanos”.
La historia nunca dicta su última palabra, pero esta primavera los dos proyectan algo que se parece mucho a una victoria.
La tarde del sábado 18 se encontrarán en un mitin en Madrid para darle la bienvenida y homenajear a la Nobel de la Paz.
Ambos llaman a acudir con banderas, con la familia, con los hijos; con pasión y amor.
Y a hacer muy bien lo que venga después del 18: “Hacerlo a la venezolana, como lo sabemos hacer los venezolanos”.
Don Edmundo —y, desde luego, María Corina— está vivo.


