El mundo es redondo

A principios de siglo, el periodista Thomas Friedmann escribió un libro seminal sobre la globalización: el mundo es plano.
Se refería a la integración global de producción de riqueza, de innovación, de productos, de creación de talento.
Las fronteras se diluyeron tras dos acontecimientos centrales: la caída del muro de Berlín y la apertura de China.
Los motores de esa fuerza aplanadora eran temas como:
- La deslocalización (empresas ubican sus centros de producción fuera de sus países de origen).
- El outsourcing o tercerización (subcontratar servicios fuera de la empresa).
- Las plataformas colaborativas (como wikipedia, en donde los usuarios enriquecían contenidos).
- O las cadenas de suministro, en donde un solo producto se ensambla con componentes producidos en diferentes partes del mundo (un iPhone involucra producción en 43 países).
Ese mundo está en proceso de extinción.
El nuevo mundo está naciendo de dos shocks: el Covid y el regreso del proteccionismo.
La pandemia dislocó las cadenas de suministro.
El confinamiento generó la imposibilidad de producir y trasladar desde la lejanía los componentes que daban sustento a la gran fábrica mundial.
Llegó la escasez: de chips, de autopartes, de baterías, semiconductores, Etc.
Casi de manera simultánea, llegaron al poder los populismos nacionalistas.
Los motores de la aplanadora mundial habían destrozado, alegaron, la generación de empleo y el tejido social que implicaba la existencia de empresas y proveedores locales.


