El 3 de junio
En un mundo donde las elecciones son el corazón de la democracia, el 2 de junio se presenta como un día crucial, porque sin electores o votantes, no puede haber democracia; ese día las urnas se abren, los votos se cuentan y la voluntad del pueblo se manifiesta.
Sin embargo, es el 3 de junio es el día en el que verdaderamente se define la salud de una democracia, porque representa la verdadera fortaleza de un sistema democrático, donde se pone a prueba la madurez política de los candidatos y el respeto a las instituciones democráticas.
En una democracia sólida todos los elementos son importantes, los partidos políticos, los y las candidatas, el árbitro electoral, las leyes y normas aplicables, la participación nutrida de los ciudadanos el día que se celebre la jornada electoral, pero sobre todas las cosas, una democracia sólida se pone a prueba cuando el o los candidatos perdedores asumen su derrota.
En ese sentido, más importante que el candidato triunfador es el papel del candidato o candidatos perdedores, ya que al aceptar el resultado en las urnas legitiman el proceso electoral y fortalecen la confianza de las y los ciudadanos en nuestras instituciones democráticas.
Aceptar la derrota en las urnas no es, de ninguna manera, una marca negativa para los aspirantes que no alcanzaron el triunfo en las urnas.
Al contrario, es un ejemplo de madurez política, de compromiso cívico y de una sólida cultura ética y democrática; lo que abona en favor de ellos mismos y del sistema electoral.
Cuando esto ocurre, se envía un mensaje claro a la sociedad de que la democracia está por encima de los intereses partidistas y personales.


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