Donald Trump: un año de despotismo iletrado

Carlos Arredondo Sibaja DETONA® Ha sido una docena de meses lentos cuyo ciclo se cerró el pasado día 20. Un año cuesta arriba… un rosario de semanas vividas en condición de asedio constante, con la tensión arterial a tope.
Por Carlos Alberto Arredondo Sibaja
Carlos Alberto Arredondo Sibaja
Foto tomada de la red.
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Hablamos, desde luego, del primer año de la vuelta de Trump al poder. Se antoja, cómo no, concentrarse en lo positivo: “ya solo faltan tres años”.

Pero el flagelo constante del más proverbial de los déspotas postmodernos vuelve insufrible el solo pensar en la excesivamente larga sucesión de meses, aún por delante, durante los cuales seguiremos padeciéndolo.

Difícil decidir cuál de los extremos -indeseables ambos- resulta más repulsivo: el habitado por los déspotas ilustrados, esos individuos “educados”, cuyos almibarados discursos se diseñan para enmascarar la realidad y vender sus peores decisiones como “sacrificios necesarios” en aras de la consolidación democrática, o ese en el cual Trump es monarca absoluto e indiscutido: el de los déspotas vulgares, iletrados, pedestres, a los cuales no les tiembla la voz para decir la verdad sin ambigüedades.

El genial Jon Stewart lo expuso de forma insuperable en su “The Daily Show” del pasado 5 de enero: cuando Estados Unidos ha “intervenido” en otro país en el pasado, lo ha hecho ondeando la bandera de “un pretexto noble”: liberar a un pueblo oprimido o contribuir a la expansión de la democracia, por ejemplo.

En otras palabras: la postura pública de los gobiernos estadounidense había sido, hasta ahora, una inspirada en el clásico “el fin justifica los medios”.

Es decir, se intentaba justificar discursivamente el hecho de llevar a cabo acciones “no estrictamente democráticas” pero, ante las circunstancias, justificables -por necesarias y por la inexistencia de mejores alternativas- para apuntalar una realidad democrática; para establecer una mejor perspectiva, de cara al futuro, para las mayorías.

De espaldas a la jerga utilizada usualmente en estos casos, Trump es brutalmente honesto:  vamos a conseguir que el petróleo fluya como debe ser”, dice sin dudar cuando le cuestionan sobre las “preocupaciones” de su administración en relación con la realidad de la nación sudamericana.

Lo mismo hace cuando se le pregunta sobre las razones por las cuales pretende anexar al territorio del imperio la isla de Groenlandia: “si no lo hacemos, Rusia o China se apoderarán (de ella)… y no vamos a tener a Rusia o China como vecinos”… 

¡aunque ya sea vecino de Rusia, cuyo territorio casi se toca con Alaska!

Porque, digámoslo con absoluta claridad, la “honestidad” de Trump es una construida con los tabiques de la ignorancia. Él es un pelmazo con poder -y un ego monumental- para quien no constituye problema alguno largar las hipótesis más disparatadas y/o estúpidas para “explicar” cualquier fenómeno, simple y sencillamente porque el rigor intelectual no es una regla para él.

Por ello tiene ocupado, ahora mismo, al primer yerno del imperio, Jared Kushner, en la tarea de presentarle al mundo los renders de su más reciente y, desde su punto de vista, genial idea: el plan de reconstrucción de la “Nueva Gaza”, el cual pretende convertir el enclave palestino junto al Mediterráneo en una suerte de Mar-a-Lago árabe…

Por ello mismo, frente al candoroso gesto de la venezolana María Corina Machado, quien acudió a “ofrendarle” el Premio Nobel de la Paz, no dudó en tomarlo y quedárselo, cuando el gesto mínimo de una persona bien nacida habría sido rechazarlo…

 ¡porque no se lo dieron a él!

Todo ello -y mucho más- ocurre a nuestro alrededor por una razón simple y fácil de expresar: Trump está muy lejos de ser un individuo decente y por eso no puede, no debe esperarse de él ningún comportamiento mínimamente digno o característico de un defensor de la democracia y sus valores.

Muy por el contrario, todos debemos asumir con frialdad la cruda realidad: todavía faltan tres años más de patanería y vulgaridad extremas.

ARISTAS

Nada podemos envidiarle, por cierto, a nuestros vecinos del norte. 

Si algo abunda en la fauna política mexicana -a nivel municipal, estatal y federal- son pelmazos iletrados al estilo de Donald Trump. 

Salvo muy contadas -y cada vez más raras- excepciones, nuestros políticos domésticos comparten con el troglodita del norte su vocación por la vulgaridad y la indecencia.

Carlos Alberto Arredondo Sibaja
Periodista con más de 35 años de experiencia en medios de comunicación impresos y electrónicos. Ingeniero Industrial y de Sistemas por la Universidad Autónoma de Coahuila y Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México. Además, es máster en Administración y Alta Dirección por la Universidad Iberoamericana y tiene estudios concluidos de maestría en Derechos Humanos en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. Se ha desarrollado profesionalmente en el servicio público, la academia y el periodismo. Actualmente ers integrante de la Comisión de Selección del CPC, del Sistema Anticorrupción de Coahuila.