
El término se utiliza coloquialmente “para referirse tanto a objetos físicos amontonados, como a ideas, textos o conversaciones que carecen de coherencia”.
La Fiscalía General de la República ofreció un largo batiburrillo sobre sus investigaciones para resolver el insustancial enigma de si el exembajador estadunidense, Ken Salazar, mintió o no mintió, en su momento, cuando, al conocerse la sustracción del Mayo Zambada hacia Estados Unidos, dijo que, hasta donde él sabía, el FBI no participó en el hecho.
Conclusión inconcluyente de la Fiscalía: el entonces embajador sí mintió y, al hacerlo, violó leyes, tratados y formas diplomáticas a las que están sujetas las relaciones entre países.
Digo conclusión inconcluyente en un doble sentido: porque no prueba lo que afirma y porque no conduce a ningún lado.
¿Cuáles son las transgresiones legales y diplomáticas del caso?
“El embajador Salazar”, resumió Gil Gamés ayer , “violentó el artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas, el artículo 26 de la Convención de Viena y las prohibiciones de la Convención de Viena de 1961 sobre Relaciones Diplomáticas”.
Supongamos que sea cierto, ¿qué se sigue diplomáticamente de ahí?
Sabrá Dios, o quizá Quetzalcóatl, ahora que estamos de regreso a los valores de los pueblos originarios.
Piezas fundamentales del batiburrillo de la Fiscalía son la figura del piloto, quien manejó el avión donde llevaban a El Mayo, y el avión mismo, que ha sido exhibido por el FBI como parte de un museo de sus hazañas.
El piloto fue regresado a México después de su vuelo con El Mayo a bordo y detenido aquí por nuevos delitos.
- ¿Qué hicieron con el piloto fantasma las autoridades mexicanas?
- Lo devolvieron a las estadunidenses.
- ¿Han pedido su extradición?
- No, pero si la pidieran, ¿de qué serviría?
El batiburrillo es magistral en su género, pero, a estas alturas de la pelea, es lo de menos.


