¡Hay, mi Cuba!

La situación actual del país tiene una palabra para definirla: caos.
El país no tiene economía. No hay sectores productivos. Estado de derecho. Libertad. Hay un aplastante control social que cada vez sirve para menos.
La población vive en miseria. Con una incapacidad de producir nada, entre otras cosas energía, los apagones en la capital se prolongan 18, 20 horas al día. En zonas alejadas, semanas. Sin electricidad ni combustible, el país está en ruinas.
Los apagones hacen que la escasa comida se descomponga. El turismo no puede vivir sin luz, por lo que el sector, de la pandemia a la fecha, se ha comprimido a la mitad.
Para cargar un tanque de gasolina se debe sacar una cita que dilata por 5 semanas.
Sin gasolina ni luz, los servicios públicos colapsaron. La basura inunda las calles. Las infecciones crecen. Los hospitales son inmuebles inútiles: sin energía ni medicinas.
El quiebre de la producción agrícola ha hecho que las cartillas de razonamiento sean un mero papel. No hay comida ni para cumplir con el racionamiento.
El desplome de Venezuela no hizo sino precipitar una tragedia que venía de mucho antes.
La inflación acumulada del 2021 al año pasado asciende a 195%. El PIB se ha contraído, en el mismo periodo, 17%. El déficit fiscal es de 13%.
La pobreza extrema, en el periodo, creció 13% y se estima en 88%. Eso ha hecho que un cuarto de la población haya emigrado en un lustro. El salario, como todo controlado por el Estado, es en promedio de unos 15 dólares al mes: 270 pesos.
La revolución degeneró en dictadura hace mucho, y su sesgo autoritario, represivo, megalómano y ocurrente hizo que las grandes ilusiones que generó en una generación se disolvieran.


