El criticismo vulgar y el futuro
El criticismo es el arma mas fuerte del pensamiento que siempre será la fuente de todo saber.
La irrupción de las tecnologías de la información impulsaron a la civilización a vivir en el imperio del criticismo, pero no como noble instrumento del conocimiento, útil para modelar nuevos futuros alternativos sino únicamente como pariente del escepticismo que busca, ese sí, nuevos dogmatismos sobre todo en cuanto a política se refiere.
El criticismo vulgar, legitima el poder, quizás sin proponérselo, pero ante los inútiles resultados de la crítica misma pareciera que son aliados del poder más que pretendidos censores de la acción pública.
Ningún país escapa a la trampa de la popularidad efímera que alcanza la crítica vulgar, que le concede el carácter de falsa intelectualidad a quienes la ejercen sin fondo de futuro real.
Durante el renacimiento gracias al criticismo se rompieron los dogmas teológicos sobre la fenomenología y se dio el gran salto en todos los campos del conocimiento.
El criticismo vulgar no sirve para conjeturar sino para especular con la verdad.
Ahora en nuestro caso, por ejemplo, volvemos a ser testigos del problema de la gobernación que concentra todo el poder en el presidencialismo.
Sin embargo, ni aun en las actuales circunstancias nadie acierta o se arriesga a proponer la nueva vía para salir de las espirales y vaivenes característicos de la historia de nuestra débil praxis democrática, deformada con la facilidad del clientelismo que resulta un recurso político tan usado.
La oposición tradicional se desgarra las vestiduras por la vuelta al pasado, pero cuando tuvieron el poder ni por asomo pensaron en modificar un ápice el presidencialismo y el tamaño y facultades del estado en sí, para determinar un nuevo futuro con una política sostenida en evidencias.


