El débil se desangra y desgrana. No vuela, se arrastra
¿Les platico? ¡Arre!
Un gobernante débil es doblemente débil.
Cuando alguien crea que eres débil y no lo seas, no te sientas mal, enfurécete.
Pero si un burócrata frustrado o un político o un empresario o un falso activista o cualquiera, te ataca por la espalda, que nada te detenga.
Confróntalo cara a cara; cuando hagas algo, hazlo con tu nombre y los de quienes señalas.
No lo hagas a espaldas de nadie, siempre de frente.
Por eso, cuando alguien te agrede sin dar la cara, estás obligado a verlo de frente para asegurarte que pierda en sus intentos.
Debido a esto, quizá sea positiva tu furia cuando te atacan por la espalda.
Y si además de enfurecerte y endurecerte te diviertes y apasionas, difícilmente va a haber alguien que pueda detenerte.
Confronta, así se trate de un gobernante, un ho-ho-ho-coso burócrata frustrado y metichón, un político, un empresario, un falso activista, un colega.
Sé estricto, severo, incluso brusco y -como los cirujanos- con pulso firme. Que no te tiemble la mano.
Hazlo con precisión quirúrgica y más en situaciones extremas.
A ti te lo digo, mijo, entiéndelo tú, mi nuera.

