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Enrique Krauze puso su obra literaria en las alturas de Tolstói y Flaubert
El presidente de Chile, Gabriel Boric, lo estableció como un demócrata de toda hora. En fin.
No terminaré de agradecerle las tardes y noches de placer y luz que me regaló por más de cuatro décadas con sus novelas y relatos, ni las incontables ocasiones en que me reorientó con aforismos nítidos en torno de la libertad, porque, repetía, cuando la libertad desaparece es cuando la libertad de pronto resulta importante.
O la persistencia de su concepto: para los liberales no hay verdades reveladas, porque la verdad es siempre provisional.
Le agradezco sobremanera dos definiciones prácticas que mucho he usado en las más diversas circunstancias.
- Una es sobre el dinero, está en "Travesuras de la niña mala": “El dinero da seguridad, te defiende, te permite gozar a fondo la vida sin preocuparte por el mañana. La única felicidad que se puede tocar”.
- La otra es sobre la felicidad, en "Elogio de la madrastra": “La felicidad es temporal, individual, excepcionalmente dual, rarísima vez tripartita y nunca colectiva, municipal”.
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