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El Estante, Vol. 201

Gerson Gómez DETONA® las mejores recomendaciones literarias de la semana: Entomología de la mujer de Miralda Marlen, Nociones de la luz de Roberto López, Me acuerdo. Sí me acuerdo de Lorena Sanmillán y El último día de Reyes de Ricardo Marcos.
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Por Gerson Gómez
El Estante, Vol. 201
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Entomología de la mujer de Miralda Marlen

Cuerpo, carne, dolor. Un triángulo melancólico que aísla a ese misterio llamado MUJER. ¿Cómo una mujer puede comunicar el sufrimiento de su más íntimo enigma, si el lenguaje heredado le es ajeno? Hay que pedirlo prestado. 

Miralda Marlén exige que la tierra, el agua y el aire acudan a ella con sus gargantas abiertas para que el pequeño fuego de su soledad sea escuchado. 

El estrépito decadente de la realidad no la ayuda porque ella solo encuentra parodias asfixiantes del infierno. ¿Enfermedad? Sí. ¿Amor? No. ¿Esperanza? ¿Puede llamarse así a una cigarra muda? En estos poemas, el desaliento adquiere otra densidad. 

Se vuelve un viaje hacia el fondo de la más callada oscuridad cuyo sabor es como el de la sangre y donde toda carne se vuelve jaula. ¿Cómo hay que entender todo esto? No es fácil. 

La entomología ofrece sus herramientas, Miralda Marlén pone el dolor. 

El lector pone su alma, la ecuación está hecha.

Nociones de la luz de Roberto López

En este libro, las leyes de la reflexión y de la refracción de la luz, y el Principio de Huygens, son utilizadas como metáforas para contarnos la historia de una relación amorosa. 

Es a través de un yo lírico que se pregunta constantemente por el cómo y el dónde de los amantes, que entendemos todo lo que toca la luz una habitación, una cama destendida, clavículas y lunares, pero también todo aquello que se oscurece cuando dos cuerpos que se han amado se separan. 

La luz es también el miedo que se propaga en todas direcciones, el cuerpo del amante que lo llena todo y todo lo vacía. 

Un pasado que nos aturde: ése donde habita lo que no se sabe abandonar. 

Entonces el cuerpо del amante se vuelve cada vez más lejano, al final nos alcanza el presente donde la luz se regala otra vez en gozo, en costillas y en heridas que se recorren con un beso. 

Todo se reordena, la luminosidad del otro se impone. 

Así, el lector comprende que toda historia de amor se escribe con el destello, sí, pero también con la sombra que somos.