El fetichismo escrutador
Se hizo a la mar. A conquistar nuevos territorios. En su imaginación, en la de sus acompañantes, el peso de la campaña. Ulises tardó más de la cuenta para regresar a Ítaca.
Todo en el reino cambió. Ni siquiera sus súbditos le fueron fieles.
Aplicado al presente, la fábula de Ulises se aplica a la del gobernador de Nuevo León, Samuel Alejandro García Sepúlveda.
Como Marco Polo en China trae la ruta de la seda. En su bolsa vienen promesas de billones de dólares. Fantasías y maquinaciones de una mente trastornada. El efectivísimo del paseo, de la conquista inversa, embauca a los ingenuos.
A ellos los convierte en el oro de los tontos. Les guiña al empresariado decaído y empobrecido del norte. Ellos ya vendieron todo el trabajo de sus bisabuelos. Pasean entre Las Vegas, la Isla del Padre y en los affaires accidentales con mujeres del este de Europa.
Samuel les cae como anillo al dedo. Prometió, como Ulises, Marco Polo y hasta Cristóbal Colón, perlas para la virgen, sedad para las damas y especies desconocidas en el subsuelo.


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