El fraude del siglo

La elección del domingo será la antesala de la reforma electoral que viene para convertir los comicios, de una vez por todas, en un instrumento al servicio del régimen, con voto restringido, sin equidad en la contienda, con nula información y sin transparencia.
Los mexicanos asistirán a votar con sus derechos políticos amputados:
No podrán sufragar, como en cualquier elección, en 300 distritos electorales.
Solo podrán hacerlo en 60 “distritos judiciales” con el pretexto de no encarecer la elección.
Es una probada de lo que viene: celebrar comicios solo donde Morena tenga votos suficientes para ganar.
En el mismo nombre lleva el fraude.
No es una elección, sino una movilización con recursos federales para imponer el triunfo de los candidatos seleccionados por el régimen, atracar las urnas y apoderarse del Poder Judicial.
El 1 de junio, el elector votará coercionado y sin información.
Será obligado a elegir –para que ocupe la presidencia de la Corte– a una Lenia Batres, activista radical que sabe de pleitos, pero nada sobre la Constitución; a una Yasmín Esquivel, acusada por la UNAM de plagiar su tesis o a una Loretta Ortiz, fanática morenista que solo sabe hablar de ella misma.
Los mexicanos –como en cualquier dictadura–, han sido obligados a votar para que ellos mismo maten la independencia del Poder Judicial, la división de poderes y de paso la democracia electoral.
Es el crimen perfecto: poner en manos del inocente el arma para que elimine a la democracia, enemigo del obradorato.



