1.
¿Qué es más fácil: negar la realidad o falsearla? Me parece que lo primero.
Si al esposo lo ve su señora en compañía de una guapa jovencita, tomados de la mano, es frecuente que él rechace lo observado por su mujer: “no era yo, ya no ves bien -ya te he dicho que no te quites los lentes-, me confundiste con otro”.
Pero si comienza a dar explicaciones, tipo: “es una sobrina lejana, batalla para caminar, le iba ayudando para que no se tropezara”, que se prepare para recibir no solo recriminaciones conyugales, sino hasta un sartén en su cabeza.
2.
Pero adulterar lo que sucede no es sencillo.
Primero, se necesita que a quien se busca engañar caiga en el garlito, ya por ingenuidad, ignorancia o confianza.
Esto no se logra si los intentos de engaño son frecuentes.
Una cosa es que se sorprenda al marido con la “sobrina” en una sola ocasión, y otra en que se le vea con ella cada fin de semana.
“Una vez te perdono -recuerdo que una novia le dijo a su galán-, pero a la segunda si no te mato, al menos te abandono”.
Las faltas repetidas son directamente proporcionales a la pérdida de confianza: a más de aquellas, menos de esta.
3.
Pero también se precisa una gran habilidad mental y lingüística para embrollar los hechos.
Recuerdo a una dama, calificada de chismosa por sus amigas, que no negaba el dedicarse a los cotilleos, pero a esa tarea la definía como proclividad al intercambio de información, de preferencia reservada.
Bueno. Tal elegancia discursiva no es frecuente en nuestra clase política.
Los resbalones, por ejemplo, que ha tenido la encargada de la sección “Quién es quién en las mentiras”, ya son clásicos, como el famoso “no es falso, pero se exagera”, o el “… lo que dijo es verdad, aunque sea falso”.
4.
Pero el más reciente intento por tergiversar los hechos sucedió esta semana, desde la más alta tribuna, en La Mañanera: “no hay más violencia, hay más homicidios. Hay menos robos que en sexenios anteriores, hay menos secuestros… menos delitos de orden federal”.
De seguro, lo que se quiso resaltar es la supuesta disminución de ese tipo de actos violentos, de acuerdo.
Pero este afán de presentar un país en paz, sin problemas, que está requetebien, origina que se caiga en estas contradicciones, si no aberrantes, al menos cantinflescas.
