El Mesías de Mar-a-Lago: Milagros, águilas calvas y la segunda venida de Donald
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Dicen los que saben de estas cosas teólogos, profetas, vendedores de biblias en aeropuertos que cuando el Mesías regresa a la Tierra, lo hace en medio de señales y prodigios, una estrella en el firmamento, un coro de ángeles, quizás una paloma descendiendo del cielo.
Lo que nadie en las escrituras contempló, con todo el respeto que merecen los textos sagrados, es que el Salvador anunciaría su segunda venida a las once y cuarenta y siete de la noche de un domingo de abril, a través de una plataforma de redes sociales llamada Truth Social, con una imagen generada por inteligencia artificial que lo mostraba sanando enfermos mientras detrás de él flotaban águilas calvas, el Monumento a Lincoln y varios aviones de combate F-35.
Pero aquí estamos.
El domingo 13 de abril del año de Nuestro Señor de 2026, el presidente número cuarenta y siete de los Estados Unidos de América, Donald John Trump, de 79 años, empresario inmobiliario, estrella de telerrealidad, dos veces impeachazo, dos veces presidente, una vez condenado penalmente y ahora aparentemente también Salvador del Mundo, publicó en su red social favorita una imagen que la humanidad llevaba dos mil años sin ver: Jesucristo, pero con más bronceado y mejor pelo.
La foto si es que se puede llamar foto a algo que ninguna cámara jamás captó mostraba a Trump ataviado con túnica blanca y resplandor celestial, inclinado sobre un hombre en cama de hospital, posando su mano sobre él con la solemnidad de quien sabe que las cámaras están encendiendo.
Alrededor: una enfermera, un soldado, una mujer en actitud de rezo.
Arriba: el cielo, con ángeles apenas insinuados entre nubes de renderizado 4K.
Y en el fondo, como en toda buena pintura religiosa norteamericana, la Estatua de la Libertad, el Memorial de Lincoln, la bandera de las barras y las estrellas ondeando con patriótica majestuosidad y varios aviones militares sobrevolando lo que, presumiblemente, era el paraíso.
Nadie puede acusar a Trump de pensar en pequeño.
I. El contexto divino, o: cómo se llega a publicar una cosa así
Para comprender plenamente el milagro y todo milagro exige contexto teológico hay que remontarse apenas unos minutos antes de la publicación sagrada.
Porque el Señor Trump no llegó a la santidad de golpe, llegó, como tantos santos de la historia, a través de la ira.
Minutos antes de convertirse en el Cristo de Truth Social, Trump había lanzado una andanada contra el Papa León XIV, el primer papa americano de la historia, un hombre que llevaba apenas días con la mitra puesta y ya tenía encima al presidente de su propio país llamándolo débil en las redes sociales.
"El Papa León es DÉBIL con el crimen y terrible para la política exterior", escribió Trump en mayúsculas, que es como él ora.
Luego, con la generosidad característica de los grandes estadistas, añadió que León XIV le debía su cargo, que la Iglesia lo había elegido precisamente porque era americano y así podría lidiar mejor con Donald Trump.
El Papa, según Trump, era básicamente un empleado suyo con sotana blanca.
Habiendo despachado al Vicario de Cristo con la misma energía con que uno cancela un contrato de arrendamiento, Trump procedió, sin transición aparente ni período de reflexión espiritual, a postularse como el Vicario de Cristo él mismo.
La lógica es impecable si uno no la piensa mucho.



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