El Oráculo de Quetzalcóatl
Como se ve nuestra muy degradada política y la tan manipulada democracia electoral, deberíamos disponer de un Oráculo como el de Delfos, que podríamos llamarle de Quetzalcóatl, por aquello de su cualidad como un dios creador y benéfico, para que acuda su consejo en nuestra ayuda para no equivocarnos en la elección que haremos.
Yo pienso que los griegos ni siquiera imaginaron lo que habríamos de hacer con la democracia que nos heredaron como forma de gobierno y su núcleo central: las votaciones.
Muy lejos de la perfección, la democracia griega fue, como su sociedad, una de tipo sesgada y excluyente, pues solo podían votar los considerados ciudadanos, cuyos requisitos para serlo se podían modificar, según fuera, la circunstancia del poder de la compleja red de ciudades estado.
Los cargos podían asignarse por sorteo y elección abierta o decididos por la asamblea, a la que, a su vez, podía entrar el que quisiera y asistir cuando así le interesara.
Complicado, pero así fue y de ahí viene la democracia occidental.
Ahora que tanto refinamiento se le ha hecho a los procesos de votación, terminamos en un sistema como el mexicano, diseñado con base en la desconfianza, donde todo gira en torno a evitar que se tuerzan los números de votos.
Resulto así por el antecedente histórico de un sistema político corrupto y cuya existencia, dependía de eso, de ser corrupto.


