El pecado de Norma Piña: defender la Constitución


Hoy acatar la Constitución, defender la autonomía y la independencia del Poder Judicial, evocar la ley es considerado como una agresión al presidente de la República y a su proyecto.
Hoy, lo legal y legítimo, lo políticamente correcto es arrojar incienso a un presidente y a una futura presidenta que buscan ser adulados y reverenciados como si esto no fuera una república y sí un régimen fascista donde el jefe de Estado es un santo al que se rinde culto.
El senador Ricardo Monreal culpó a Piña de la “rispidez y conflicto” con los otros poderes.

Dio a entender que era una “pecadora” por haber invadido al Poder Ejecutivo y Legislativo, por haberse atrevido a ir en contra de las decisiones del “señor que está en los cielos” y de sus reformas.
Es decir, para los súbditos de la 4T es inconcebible la existencia de una ministra de la Corte que esté dedicada a invalidar iniciativas inconstitucionales que, -como la reforma electoral o la relacionada con la Guardia Nacional- buscan quebrar la democracia e imponer un régimen totalitario.
López Obrador considera a Norma Piña una enemiga personal.
