
“Para la frágil democracia mexicana, la incursión de militares en los negocios del sector privado significa un retroceso ominoso e ilegal: acostumbrados a la impunidad, alejados del escrutinio público, apartados de la debida transparencia, ajenos a la rendición de cuentas, entrometiéndose en funciones civiles, y peor aún, inspirados en el modelo socialista cubano”.
https://www.milenio.com/opinion/agustin-gutierrez-canet/sin-ataduras/no-al-ogro-militar-empresarial
Ahora, Ibero, la revista de la Universidad Iberoamericana, dedicó el más reciente número (febrero-marzo 2024) a analizar el riesgo a los derechos humanos por la militarización de México:
https://revistas.ibero.mx/ibero/
En seguimiento del tema, me permito compartir fragmentos de mi colaboración intitulada “El poder militar del Ogro Filantrópico” en el órgano de la universidad jesuita, mi alma mater:
Prolongación transexenal y obsesión por el poder
La militarización de México debe analizarse en el contexto de la estrategia de Andrés Manuel López Obrador de prolongar de manera transexenal la continuidad de su movimiento político.
López Obrador es un hombre obsesionado por el poder, convencido de que es necesario ejercerlo para proporcionar loables programas sociales, pero usados para obtener votos.
Se trata de una especie de gobernante autoritario bonachón; una nueva versión del ogro filantrópico, término acuñado en su ensayo por Octavio Paz, que castiga a la élite conservadora y premia a la mayoritaria clase indigente, fórmula imbatible para ganar votos.

Solo el gobierno de López Obrador ejerce el monopolio de la ayuda a los damnificados por desastres naturales, nadie más debe figurar para beneficiarse del voto con politiquería, medrar con la miseria, diría el autoritario bonachón.
En este contexto, el máximo dirigente busca neutralizar a los grupos de poder que pudieran entorpecer o frenar su legado, a través de fondos públicos.
En mis especulaciones, el ogro filantrópico podría definir así sus puntos estratégicos: