El precio de los juguetes es la única diferencia entre ser niño y adulto

Les platico:
En una reunión interminable en la que estuve anoche, ya en la mesa los temas nos atropellaban.
Uno de esos fue cierta idea que surgió casi al final y que me llevó a comenzar a hilar una experiencia, que no terminé de expresar porque otros tópicos le ganaron la batalla en materia de interés.
La completo aquí para no dejar a mis comensales con la duda... si es que la tuvieron cuando antes de irse a dormir, quizá repasaron esa deliciosa plática.
¿Arre? ¡Arre!
¿Qué estudiar?
La duda que tuvieron mis hijos sobre qué estudiar se las despejé de bote pronto, a cada uno por separado y juntos, cuando se dio la ocasión:
"Estudien lo que les divierta. Trabajen para divertirse. No dejen de hacerlo y olvídense del dinero. Este llegará solo si lanzan por delante a la diversión. Recuerden: el precio de los juguetes es la única diferencia entre ser niño y adulto".
Hasta ahí mi reflexión, ahora les comparto lo siguiente:
Si miramos con atención, podremos detectar la aparición de un nuevo grupo social que antes no existía:
Personas que ahora tienen entre 60 y 80 años e incluso algunos que han alcanzado los 90.
Una nueva generación
A éste grupo pertenece una generación que ha expulsado la palabra envejecimiento de su terminología, porque no entra en sus planes.
Es una novedad demográfica, igual al auge de la adolescencia, que también fue un nuevo grupo social que surgió a mediados del siglo XX para dar identidad a una masa de niños en flor en cuerpos adultos, que no sabían a dónde ir ni cómo vestirse.
Éste nuevo grupo de humanos que hoy tiene entre esas edades, llevó una vida razonablemente satisfactoria.
Son mujeres y hombres independientes que trabajaron -y lo siguen haciendo- durante mucho tiempo y lograron cambiar el oscuro significado que tanta literatura latinoamericana le dió al concepto del "trabajo" durante décadas.


