El Presidente de las mentiras


No porque nos tiene acostumbrados a decir mentiras debemos acostumbrarnos a sus mentiras.
El que las mayorías no le exijan rendición de cuentas y le sigan aumentando puntos a su popularidad tampoco significa que debamos sentirlas tan normal como respirar.
Ya sabemos que hasta el 30 de septiembre López Obrador seguirá inventando la Historia y contando historias, por lo que lo recordaremos como el Presidente de los engaños.
Sin embargo, para quien tiene el oído entrenado para escuchar, sus mentiras tienen luego desenlaces que deberían preocupar. Sobre todo a Claudia Sheinbaum, que a partir del 1 de octubre será quien mande aquí.
Recapitulemos.
Desde antes de su sexenio, López Obrador decía que no se reelegiría y que sería un Presidente de seis años.
Legalmente ha cumplido a cabalidad, pero sus palabras y acciones vistas bajo el prisma político dejan mucho qué desear y más de qué preocupar.
Lo más importante es que sus promesas reiteradas de que una vez que se quite la banda presidencial se retirará a su rancho de Palenque, donde presume que se jubilará políticamente, desconectándose de la vida pública y de sus protagonistas, han sido enmendadas con amenazas veladas.
La mañana después de la elección presidencial, López Obrador comenzó a cambiar su discurso.
Ya no sólo estarían abiertas las puertas de su rancho para sus hijos y nietos, sino también para Sheinbaum.
- “Si ella me busca, sí, porque es mi presidenta”, subrayó.
- “Va a ser mi presidente, pero yo voy a procurar no molestarla”.
Cinco días después precisó: atendería el llamado de su presidenta, pero “haciendo uso de mi derecho a disentir”.


