
Llevaron detenidos a dos grandes estrellas de la venta de drogas, uno de ellos armado y con cantidad moderadamente, nada fuera de lo común, de estupefacientes.
Horas más tarde, el vecindario, incluyendo mujeres y niños, salieron a impedir el tráfico de la avenida Universidad, en la parte continua de Cuauhtémoc.
Durante tres horas el teatro del dolor marcó las exigencias a las autoridades, el regreso de los chuntaros esquineros, de regreso al pasado, a la sección ilimitada de tapacalles, entre el gobierno de Natividad González Parás, Rodrigo Medina de la Cruz y el ahora cuestionado antifeminista Jaime Rodríguez Calderón.
La guerra del cartel amarrado al trasiego, consumo, cobro de piso y ejecuciones sumarias, desapariciones civiles, robo de automóviles, casas habitación e inseguridad rampante.
Salvoconducto de por medio, las llamadas recibidas vía nextel, cifradas imposibles de rastrear entre las alertas, suelta a los elementos, plata o plomo, nominas enteras de infiltrados en las corporaciones policiacas, las escalinatas llegaron hasta la extraña vida de los gobernadores, alcaldes y algunos diputados locales y federales, todos alineados.
Verlos salir de nuevo y tomar las calles electrifica la ya muy convulsionada primera semana del mes de enero.
La anormalidad de musculo ciudadano, en pocos segundos rebasó a los pseudo activistas contra el aumento de tarifas de transporte, el gobierno de MC y el caos de impaciencia para los automovilistas.
Si despierta el monstruo del crimen organizado, ni siquiera todas las fuerzas del orden, las de 35 y 30 mil pesos por mes, caerá la expresión del norteño, de la carnita asada, el sombrero, la cerveza, el pase, el cigarro de mariguana, sarolo, tiner y casa chica.
Brutos impresionantes del éxito, motoristas belicones y mugrosos.



