El Reino del Mirreynato: Samuel, los Agentes de la CIA y el Arte de la Triangulación Fantasma

Aquí, el éxito no se mide en virtudes, sino en la capacidad de mover dinero de un bolsillo a otro sin que las leyes de la física o las del SAT se den por enteradas.
En el centro de este huracán de billetes y gel para el cabello, emerge nuestro protagonista: Samuel García, el gobernador convirtió la política en un reel de Instagram de quince segundos.
La historia, sin embargo, ya no cabe en un filtro de belleza, la Fiscalía anda husmeando en las alfombras de la oficina y lo que han encontrado no es precisamente polvo de la sierra Madre, sino una arquitectura contable que haría palidecer a los ingenieros de la Gran Pirámide.
Se le acusa de triangulación de recursos. suena sofisticado, ¿verdad? Casi geométrico.
Pero en el lenguaje del arroyo, es simplemente el viejo truco de "ahora lo ves, ahora no lo ves", aplicado a cientos de millones de pesos viajan de empresas proveedoras del gobierno a la firma jurídica de la familia real.
Es el milagro de la multiplicación de los panes, pero versión San Pedro Garza García, donde el pan son mantecadas y los peces factureras.
Samuel sonríe. siempre sonríe.
Tiene esa dentadura blanca, casi radioactiva, que parece decirle al mundo: "No pueden atrapar, no pueden dejar de likear".
Mientras tanto, el enriquecimiento brota por todos lados.
No se esconde; el éxito en Nuevo León es desplante, las mansiones no se construyen, se "manifiestan" en zonas donde el metro cuadrado vale más que la dignidad de un diputado local.
Es un festín de concreto y cristal donde el cinismo es el plato principal y la transparencia es ese ingrediente, todos mencionan, pero nadie sabe.
Pero crucemos la frontera estatal, salgamos de la burbuja de Tesla y los drones.
El guion se vuelve turbio, digno de una novela barata de espionaje que uno compra en el aeropuerto para olvidar el miedo a volar.
Chihuahua, la tierra de los desiertos largos y los secretos enterrados.
Ahí, el nombre de Samuel se cruza con una trama que parece escrita por un guionista de Netflix con sobredosis de cafeína: agentes de la CIA muertos.
¿Qué hacía el rastro de la política regia en medio de cadáveres con acreditaciones de Langley?
La ironía es suprema, pasamos de discutir el costo de una Cybertruck a navegar en las aguas profundas de la inteligencia internacional y el tráfico de influencias que huele a pólvora y a desierto.



