Opinión

La tierra del olvido

Gerson Gómez DETONA® El retumbar colombiano, no es metáfora, a las siete y treinta y cuatro de la mañana, cuando los cafetales del Eje aún dormitaban bajo la niebla, el suelo del occidente colombiano se partió con la furia de un dios antiguo. 

Gerson Gómez - avatar
Por Gerson Gómez
El terremoto que sacudió a Colombia encontró a un país políticamente fracturado.
PRESIONA YEscucha
Cargando reproductor...

Magnitud siete punto cuatro. 

Epicentro: San José del Palmar, Chocó, esa provincia olvidada donde la selva se traga los caminos y los ríos son las únicas carreteras.

El sismo más poderoso registrado en Colombia en lo corrido del siglo XXI, según el Servicio Geológico Colombiano, veintiuna réplicas posteriores.

  • Ciento once muertos confirmados al cierre.
  • Más de seiscientos heridos.
  • Mil desaparecidos.
  • Mil seiscientos edificios dañados.
  • Sesenta y uno colapsados por completo.

Suena exagerado, no lo es, el Eje Cafetero bajo los escombros.

Pereira, la ciudad del Risaralda, amaneció entre polvo y gritos, cuarenta muertos solo en esa región, el techo del aeropuerto se desplomó sobre viajeros aterrados, el alcalde Mauricio Salazar habló por radio local con la voz quebrada.

Una cantidad masiva de edificios colapsados. 

  • En Manizales, una de las torres de la catedral neogótica, esa joya del siglo XIX cayó sobre la nave central como un presagio bíblico.
  • En Cali, diecinueve edificios se vinieron abajo.
  • Veintisiete muertos en el Valle del Cauca, tres de ellos niños. 

Jorge Moncayo, taxista caleño de sesenta y cuatro años, vio columnas de polvo elevarse por toda la ciudad mientras las estructuras se rendían ante la gravedad.

Mi casa entera se sacudió. 

Nunca viví un terremoto así de poderoso, dijo, le damos gracias a Dios por estar vivos.

Carlos Vives cantó alguna vez sobre esta tierra, será porque llevo por dentro la tierra del olvido, esa tierra no olvida, grita, el vallenato se ha vuelto réquiem.

El Tigre recién parido. 

Tres días, eso fue lo único concedido al nuevo presidente antes del bautismo de fuego. 

Abelardo de la Espriella, abogado, empresario, colombo-estadounidense, apodado "El Tigre" juró el cargo el viernes 7 de agosto en Cali, rompiendo la tradición bogotana, el lunes, la tierra le respondió.

Nunca había ocupado un cargo público, llegó al poder con la promesa de mano dura contra los grupos armados, austeridad fiscal y giro diplomático radical hacia la derecha. 

  • The New York Times lo describió como un neófito político al mando de una respuesta ante un desastre mayor.
  • The Washington Post señaló la ironía, el presidente inauguró su mandato en la misma ciudad donde ahora se buscan sobrevivientes entre los escombros.

De la Espriella canceló sus planes de viaje, abordó el avión presidencial y se dirigió a Bogotá, desde la sala de crisis rodeado de funcionarios, declaró emergencia nacional. 

No están solos. 

El Estado está presente y actuando, dijo en un video con música dramática de fondo, Colombia unida, prometió, pero Colombia estaba partida, literal y políticamente, mucho antes del sismo.

Entre lo laico y lo metafísico.

El mismo lunes del terremoto, la Cancillería colombiana emitió el comunicado reconociendo la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, territorio capturado a Siria en 1967. 

Colombia se convirtió así en el segundo Estado miembro de la ONU, después de Estados Unidos, en dar ese paso. 

El gesto diplomático, acordado tras la reunión del canciller israelí Gideon Sa'ar con De la Espriella en Barranquilla días antes de la posesión, marcó la ruptura total con la política exterior de Gustavo Petro, quien había cortado relaciones con Israel en 2024 por la guerra en Gaza.

  • El Wall Street Journal lo enmarcó como parte del realineamiento hemisférico.
  • El Escudo de las Américas, la coalición antinarcóticos impulsada por Trump, ahora tiene un nuevo soldado en Bogotá.
  • The Washington Post habló de un giro tectónico en la política exterior colombiana, sin saber, quizás, cuán literal se volvería la metáfora geológica horas después.

El país cafetalero transitó en un solo día del reconocimiento de territorios ocupados al reconocimiento de su propia fragilidad, de lo laico a lo metafísico, de la firma diplomática al temblor existencial.

La provincia suena entre los escombros, tengo la camisa negra porque negra tengo el alma.