Opinión

Por quién doblan las campanas en Samuelandia

Gerson Gómez DETONA® Han bajado las cortinas, permanece la música en silencio.

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Por Gerson Gómez
La historia de una ciudad no sólo se escribe en los palacios de gobierno. También se escribe en las pistas de baile, en las madrugadas, en los excesos, en los amores clandestinos y en los lugares que un día cerraron para siempre.
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Los malquerientes afirman la culpa pertenece a la FIFA. 

Resulta sencillo encontrar culpables cuando sobra tiempo libre y falta cerveza fría, la sentencia circula entre mesas vacías, banquetas despintadas y recuerdos con olor a perfume barato.

Colón esquina con Colegio Civil.

Territorio de leyendas urbanas, santuario del exceso, república independiente del ligue regiomontano.

  • Oreja planchada.
  • Panza relumbrosa.
  • Bigote caído.
  • Camisas abiertas hasta donde la prudencia renuncia.
  • Hombres buscando pareja.
  • Mujeres en celo.
  • El espectáculo de las comunas.
  • La tribu LGBT Plus. 

La fauna nocturna completa desfilando bajo luces moradas, rojas y azules.

Durante décadas nadie preguntó demasiado, todos sabían, nadie hablaba, la doble moral siempre encontró estacionamiento cercano.

En aquellos salones convivieron obreros, funcionarios, estudiantes, comerciantes, artistas de ocasión, políticos de clóset, empresarios devotos cada domingo y pecadores profesionales cada viernes.

El Wateke, el Jardín.

Nombres capaces de provocar sonrisas o muecas, según la cantidad de secretos almacenados en la memoria.

Las páginas policiacas encontraron material abundante. 

  • Un asesinato en plena pista de baile.
  • Balaceras afuera.
  • Ajustes de cuentas.
  • Pleitos sentimentales.
  • Celos convertidos en pólvora.
  • Patrullas iluminando madrugadas.

Peritos recogiendo indicios mientras sonaba todavía algún éxito tropical desde bocinas sobrevivientes.

La noche regiomontana jamás necesitó escritores de ficción, la realidad producía argumentos suficientes.

En aquellos territorios floreció una comunidad completa. 

  • Amistades.
  • Amores.
  • Encuentros clandestinos.
  • Despedidas.
  • Reconciliaciones.
  • Promesas imposibles.

Banderas del arcoíris antes del arcoíris corporativo, mucho antes del patrocinio elegante, antes del discurso institucional, antes del selfie comprometido.

  • Cerveza.
  • Ligue.
  • Hoteles de paso.
  • Comunidad.

Palabra sencilla para describir una multitud expulsada durante décadas hacia rincones discretos.

Pasó el Gay Pride, llegaron discursos, aparecieron funcionarios sonrientes, sobraron fotografías, faltaron espacios.

El soldado cayó, permanece en silencio.

Morir de pasión resulta menos romántico cuando aparecen estados de cuenta, permisos municipales y reglamentos redactados por burócratas incapaces de bailar.

Por quién doblan las campanas. 

  • Doblan por todos.
  • Por los ausentes.
  • Por los sobrevivientes.
  • Por quienes encontraron refugio.
  • Por quienes jamás regresaron. 

Por quienes murieron despacio y en silencio sin saber.

Mientras tanto, unas cuadras adelante, Washington y Zuazua ofrece otra postal digna del cine negro.

Antigua sede cultural, galería efímera, espacio artístico convertido después en oficina gubernamental, metamorfosis frecuente dentro del reino de Samuelandia, donde ayer colgaban cuadros, hoy descansan expedientes.