
Estar en el lugar, atender los hechos simples y contarlos bien basta para producir estremecedores relatos de cómo esa parte del mundo se va volviendo inhabitable.
Ayer contaron la historia del tanquero Emilia, un barco con bandera cubana que salió de Santiago con destino a Kingston, Jamaica, donde cargaría gas LP.
En ese recorrido lo alcanzó el decreto del 30 de enero de Trump, que castigará los envíos de combustible a Cuba.
Emilia regresó vacío.
Ya no está Venezuela, ya no está México y ahora tampoco Jamaica.
“El viaje de Emilia terminó siendo una prueba más de que el sistema energético cubano funciona sin red de seguridad”, remata 14ymedio.
Sus editores me explicaron que las reservas, pavorosamente insuficientes, se agotarán en el curso de febrero.
Y en ese mismo curso, Trump inmoviliza las manos del gobierno mexicano que –según informó ayer en un comunicado oficial– mandará alimentos “en tanto se resuelve por la vía diplomática el envío de petróleo a la isla caribeña por razones humanitarias”.

