El voto oculto

Las encuestas que prevén una victoria aplastante de Claudia Sheinbaum el domingo, por más de 20 puntos, se van a equivocar.
Han sido de tal manera concurridas las movilizaciones en los grandes centros urbanos en favor de la candidata de la oposición, Xóchitl Gálvez, que no dan espacio a una desventaja como la pintan las encuestas publicadas por los medios de comunicación más acreditados
Es muy amplia la franja del llamado “voto oculto”.
Por su condición de voto oculto, no se puede medir.
Lo que sí es factible medir es el porcentaje de los que dicen estar indecisos, que es de alrededor de 15 por ciento.
Más los cambiantes, que van de entre 10 y 15%
Las encuestas traen una sobrerrepresentación de la intención de voto en favor de Morena. Es usual.
¿De cuánto estamos hablando? No lo sabe nadie.
Hay, por lo menos, un 30% de electores (indecisos y cambiantes) más un porcentaje de sobrerrepresentación del partido gobernante, que van a definir la elección.
Es muy ancha esa banda como para concluir que Sheinbaum “ya ganó”. No hay tal.
La elección se va a resolver en las urnas, y las grandes casas encuestadoras saldrán a dar explicaciones con el prestigio abollado.
Mitofsky, que dirige Roy Campos, y Buendía&Márquez que publica El Universal, le dan a Sheinbaum 25 y 20 puntos de ventaja sobre Xóchitl Gálvez, respectivamente. Se van a equivocar, téngalo por seguro.
Y no se equivocan porque necesariamente tengan compromisos con Morena, su candidata o haya algo turbio.
Suelen fallar y el domingo no será la excepción.
Hay un voto oculto, de cambiantes, de indecisos, y de quienes dicen que votarán por Sheinbaum por temor a perder apoyos económicos o para evitar posibles consecuencias desagradables en sus centros de trabajo.
Nunca habíamos visto una coerción del voto de manera tan procaz a tanta gente, como ocurre en esta elección presidencial.

