La primera línea de defensa: Lo que estará en juego en las elecciones de 2027

- En 2027, los mexicanos elegiremos 17 nuevos gobernadores, casi 700 presidentes municipales, miles de integrantes de ayuntamientos y un número muy importante de diputados federales y locales.
Como ocurre en cada proceso electoral, escucharemos promesas sobre más patrullas, mejores calles, nuevas obras públicas, transporte, agua potable, desarrollo económico y combate a la corrupción.
Todo eso importa, pero sospecho que estaremos en una discusión del siglo pasado, porque el verdadero desafío de quienes resulten electos será completamente distinto.
Los gobernadores y alcaldes que asumirán el poder en 2027 no administrarán únicamente estados y municipios.
Tendrán que gobernar en medio de una convergencia de crisis que ya está transformando la economía, la seguridad, la tecnología, el clima, la migración y la vida cotidiana de millones de personas.
La elección de 2027 no definirá solamente quién gobernará nuestros estados y municipios.
Definirá si México comienza a construir gobiernos capaces de administrar la incertidumbre, esa será la verdadera elección.
Hace unas semanas leí un extraordinario análisis del Bloomberg Center for Cities de la Universidad de Harvard.
Su conclusión debería llamar la atención de todos los candidatos que competirán el próximo año:
Los grandes problemas del mundo ya no llegan primero a las cancillerías ni a los congresos nacionales.
Llegan primero a las oficinas de los gobernadores y a los palacios municipales:
- Los gobiernos nacionales negocian tratados comerciales. Los municipios reciben las empresas que llegan —o las inversiones que nunca llegan.
- Los gobiernos federales discuten el cambio climático. Los alcaldes enfrentan inundaciones, sequías, incendios y olas de calor.
- Los presidentes hablan de inteligencia artificial. Los municipios tendrán que gestionar su impacto sobre el empleo, los servicios públicos, la movilidad, la educación y la seguridad.
- Los conflictos internacionales alteran las cadenas globales de suministro. Los gobiernos locales administran el desempleo, la presión sobre la vivienda o la llegada de nuevas inversiones derivadas del nearshoring.
La globalización cambió de dirección. Ya no baja de la nación hacia las ciudades, ahora entra al país por las ciudades.
Durante buena parte del siglo XX, la misión de un presidente municipal era relativamente clara:
Pavimentar calles, recoger la basura, otorgar permisos de construcción, mantener el alumbrado público y coordinar la policía preventiva.
Nada de eso ha dejado de ser importante, pero ya no basta, el municipio del siglo XXI se ha convertido en la primera línea de defensa de la sociedad frente a la incertidumbre global, esa es una transformación histórica que apenas comenzamos a comprender.
La OCDE ha insistido recientemente en una idea poderosa:
Las ciudades ya no enfrentan problemas aislados, enfrentan una policrisis, es decir, una acumulación de crisis que interactúan entre sí y producen efectos en cascada.
Una sequía reduce la disponibilidad de agua.
- La escasez de agua afecta la producción agrícola.
- La caída de la producción incrementa los precios.
- La inflación reduce el consumo.
- La desaceleración económica disminuye la recaudación municipal.
- Con menos recursos se deteriora la infraestructura.
- La infraestructura deficiente aumenta la vulnerabilidad frente a nuevos fenómenos climáticos.
Cada problema alimenta al siguiente. Los especialistas llaman a esto “efectos en cascada”, los ciudadanos simplemente lo llamamos “realidad”.
Durante décadas organizamos nuestros gobiernos suponiendo que cada problema podía resolverse desde una oficina distinta, la Secretaría de Seguridad atendía la criminalidad.
La de Desarrollo Económico se ocupaba de la inversión, obras Públicas construía infraestructura, protección Civil respondía a emergencias, medio Ambiente sembraba árboles.
Pero el siglo XXI está demostrando que esa división ya no funciona, la seguridad depende de la educación, la educación depende de la conectividad, la conectividad depende de la energía, la energía depende del agua.
- El agua depende del cambio climático.
- El cambio climático depende de decisiones globales.
Y todas esas variables terminan afectando el presupuesto de un municipio, los problemas dejaron de respetar organigramas.
Por eso las soluciones tampoco pueden seguir respetándolos.
Edward Glaeser, uno de los grandes especialistas en economía urbana de Harvard, sostiene que las ciudades prosperan porque concentran talento, innovación y conocimiento.
Pero precisamente por esa concentración también son las primeras en sentir el impacto de las grandes transformaciones del mundo.
Benjamin Barber llevó esa reflexión todavía más lejos en su célebre libro If Mayors Ruled the World.
Su argumento era provocador:
- Mientras los gobiernos nacionales suelen quedar atrapados en disputas ideológicas, los alcaldes son evaluados por resultados concretos.
- El ciudadano no pregunta si la basura fue recogida por un gobierno de izquierda o de derecha, pregunta simplemente si se llevaron la basura o no.
Hoy incluso esa lógica se está quedando corta, porque el alcalde ya no administra únicamente servicios, administra incertidumbre.
Pensemos en la inteligencia artificial, la conversación pública suele concentrarse en si reemplazará empleos o en cómo regularla, pero sus efectos llegarán primero a los gobiernos locales.
Cambiará la demanda de habilidades laborales, transformará el transporte urbano, modificará la prestación de servicios públicos, fortalecerá la gestión del tránsito, permitirá una mejor atención ciudadana y exigirá proteger la infraestructura digital frente a ataques cibernéticos.
Lo mismo ocurre con el cambio climático, durante muchos años fue tratado como un tema ambiental, hoy es un problema de salud pública, protección civil, infraestructura hidráulica, vivienda, movilidad, energía y finanzas públicas.
Ya no se trata únicamente de plantar árboles.
Se trata de decidir dónde construir viviendas, cómo diseñar drenajes, cómo proteger hospitales, cómo garantizar el suministro eléctrico durante una ola de calor y cómo responder cuando una tormenta paraliza una ciudad.
