Coahuila 2026: las elecciones para renovar el Congreso

Y si de hacerle al adivino se trata, se antoja muy complicado atestiguar, al concluir el escrutinio de los votos en las casillas, un resultado diferente al registrado en la última elección legislativa, registrada en 2023, cuando el PRI coahuilteca aplastó a sus rivales alzándose con la victoria en todos los 16 distritos de mayoría en los cuales se divide el Estado.
Pero no solo eso: merced a la alquimia electoral -de la cual son inventores- los tricolores todavía se adueñaron de una de las bancas de representación proporcional, accediendo así al control formal de 17 de las 25 bancas del Poder Legislativo.
No faltará quien, conociendo los detalles de la política local, intente acotar el señalamiento anterior acudiendo a un dato público: cinco de las 17 bancas mencionadas son ocupadas por representantes del PAN y otras dos por militantes del PRD, los partidos con los cuales el tricolor local saltó a la arena hace tres años.
Pero eso es solo un dato anecdótico, pues tanto panistas como perredistas, así como representantes de otros partidos minoritarios, registran una conducta absolutamente funcional a la mayoría.
Para todo efecto práctico, la única “oposición” en el Congreso de Coahuila está constituida por la quinteta de representantes de Morena.
Pero el término debe ser siempre colocado entre comillas porque, la verdad sea dicha, ninguno de los cinco legisladores del morenismo comarcano tiene realmente un comportamiento de real oposición.
El mejor ejemplo de ello se tuvo a la vista el 23 de diciembre de 2024 cuando la mayoría tricolor le dejó claro a la bancada guinda la forma correcta de interpretar la regla según la cual las tres principales fuerzas se turnan la presidencia de la Mesa Directiva del Congreso: “sí tienes derecho a ocupar la Presidencia… pero el PRI decide quién de los tuyos lo hará”.
Me explico: de acuerdo con las reglas contenidas en la Ley Orgánica del Congreso, al inicio de la actual Legislatura se acordó designar en la presidencia de la mesa directiva -durante el segundo año del período legislativo- a un integrante de la bancada de Morena.
Antonio Attolini, el más vocal de los morenistas coahuilenses, se había perfilado largamente para ocupar la posición, e incluso los integrantes de su bancada terminaron proponiéndolo… solo para someterse al final, de manera vergonzosa, a los caprichos de la mayoría.
El episodio fue prolijamente reseñado: los integrantes de la Legislatura llegaron al Palacio del Congreso, entre ellos Attolini quien, contrario a su costumbre, llegó enfundado en un traje, preparado para asumir la Presidencia del Poder Legislativo.
La sesión se retrasó varias horas para, al final, dar paso a la humillación pública: Morena presidiría la mesa, pero sería Delia Aurora Hernández quien asumiría el cargo… porque así lo decidió la mayoría controlada por el PRI.
“Una sopa de su propio chocolate”, dirá cualquier observador medianamente enterado de los usos y costumbres de la política nacional.
Y tendrá razón, porque en Coahuila, Morena es sometida a humillaciones públicas, es verdad, pero son exactamente las mismas a las cuales ellos someten a sus adversarios a nivel nacional o en las entidades donde son mayoría.
Recordar el episodio es importante para argumentar cómo el morenismo, en Coahuila, aunque a veces actúa de forma parecida a algo susceptible de ser llamado “oposición”, en realidad ha terminado siendo apenas un grupo de limitados representantes a quienes, según se ve, les interesa más quedar bien con el grupo en el poder…
Y lo anterior es relevante no solamente en términos de la actividad legislativa, sino, sobre todo, a nivel de cancha.
Porque así como han sido medrosos en la tribuna, los morenistas coahuilenses no dudan en vivir de prestado: creen, con una ingenuidad abusiva -diría el inmortal Carlos Monsiváis- en la posibilidad de “nadar de muertito”, es decir, en ganar las elecciones tan solo impulsados por la marca de su partido y por la repetición, ad nauseam, del nombre del prócer de Macuspana.
De allí el pronóstico, al menos al día de hoy, sobre el más probable de los resultados del proceso electoral en marcha: un nuevo episodio en el cual el tricolor reedite la mayor de sus pasadas glorias: el “carro completo”.
Porque la competencia en curso es una en la cual lleva delantera el ejército tricolor cuyo generales coahuilenses aplican, con eficacia diabólica, la fórmula de siempre, es decir, exactamente las mismas estrategias empleadas en el resto del país por el morenismo.
Nadie se equivoque: esta entrega no se trata de expresar preferencias sino de intentar un vaticinio y de explicar las razones por las cuales, en este espacio, consideramos tal alternativa la más probable.
No se trata de ensalzar o ponderar las “virtudes” de una facción o de otra… porque eso es imposible debido a la inexistencia de aquellas.
En Coahuila, como en el resto del país, se enfrentarán en las próximas semanas dos ejércitos afectados exactamente por los mismos defectos y prácticamente de las mismas mañas.
