El despilfarro y la ética climática

Carlos Gómez DETONA®  No puedo dejar de sentir malestar cuando en lo cercano o en lo público observo despilfarro de energía eléctrica o de agua. 

Por Carlos Jesús Gómez Flores
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El despilfarro y la ética climática
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Difícilmente me quedo callado ante este tipo de despilfarro y entonces recuerdo a mi amiga hermana la costarricense Lorena San Román Joannings al preferir ser más claro, que educado.

No se trata de que los que ocurren en el despilfarro se exoneren a sí mismos porque pueden pagar sus excesos.

Se trata de nuestro planeta y del bien común pues lo que unos despilfarran, otros lo necesitan.

Me resulta inolvidable el ejemplo de la lagunera Magda Briones cuando pidió a una vecina en Torreón que no limpiara la banqueta con agua a manguera abierta, a lo que contestó con desparpajo que ella la podía pagar.

La humanidad está atrapada en la paradoja que subrayaba el memorable Papa Francisco en Laudato Sí: 

  • Se ha construido una cultura del descarte que desecha objetos y personas. 

En esa lógica parece normalizada la cultura del despilfarro que expresa con crudeza la desigualdad climática mundial. 

Mientras en ciudades prósperas los aparatos de aire acondicionado funcionan día y noche para enfriar habitaciones a veces vacías, millones de personas en zonas rurales y urbanas vulnerables deben desarrollar una resiliencia forzada para sobrevivir temperaturas extremas. 

El calor se convierte en un impuesto recesivo que impacta más a los pobres. 

Yo me pregunto: 

¿cuál es el punto de equilibrio en esta situación? 

En las escuelas públicas en el norte mexicano donde techos bajos y paredes de block convierten las aulas en verdaderos hornos, los educandos difícilmente pueden aprender. 

Hace apenas cinco décadas las generaciones anteriores enfrentamos las inclemencias del clima con disciplina y adaptación, pero ahora ya no es el mismo. 

Las temperaturas están en ascenso y la infraestructura urbana no ha evolucionado a la par de la crisis climática.

Y me pregunto también si en el plano público los gobiernos correspondientes podrían hacerse cargo de los costos de las tarifas de electricidad para hospitales, escuelas y centros administrativos públicos.

Recuerdo que en Bustamante, Nuevo León. 

La Fundación Mundo Sustentable se hizo cargo hace algunos años de adquirir una estación para que se pudieran instalar aparatos de aire acondicionado en las aulas de una escuela primaria. 

Pero eso no basta si se carece de una cultura climática que oriente horarios escolares y prácticas constructivas de índole tecnológico. 

La salida al problema no reside en climatizar todos los espacios en los que socializamos sino en repensar cómo habitamos.

Una real aplicación de la cultura climática sería construir viviendas y aulas con materiales locales, techos altos, ventilación cruzada y diseño bioclimático. 

Evitar lo más posible la dependencia de la energía eléctrica para la sobrevivencia planetaria y comprender que el uso de los recursos, aunque se puedan pagar, es un asunto de ética, no de riqueza.

¿Cuánta energía eléctrica se requiere realmente para vivir dignamente y cuánta usamos por comodidad y estatus, en casas que parecieran árboles de navidad iluminados?

La canícula ya terminó para estas fechas y sin embargo los calores persisten como antesala de lluvias intensas que podrían propiciar catástrofes climáticas.

Pienso en la gente que vive cercana a las sierras o a cauces de ríos. 

Los despilfarros del ayer que han generado el calentamiento global estarán pasando una gran factura a las generaciones más recientes.

Por ello la necesidad de llevar a la práctica la ética climática basada en una cultura muy comprensible y a la altura de todos que nos permita opinar con conocimiento sobre las obras publicas que se realizan en nuestro entorno para evitar justamente los despilfarros en los que se suele ocurrir y que hacen mayores nuestras deudas como entes ciudadanos. 

Además de los calores y lluvias torrenciales debemos sobrevivir a la hipoteca social.

Por ello me alegra participar en un foro-taller fundacional de la educación para la acción climática que se desarrollará el próximo viernes 11 de septiembre en el Museo del Desierto en Saltillo, Coahuila, en el que se darán cita museólogos, expertos en comunicación y clima además de representantes de organismos nacionales en materia de impactos ambientales. 

Debemos construir precisamente los elementos generadores de la cultura climática. 

  • Gran responsabilidad.
  • Gran compromiso. 

Participarán biólogos de la Región Maya y de la Comarca Lagunera. 

Será un ejercicio académico para el bien común.
Carlos Jesús Gómez Flores
Vicepresidente del Foro Latinoamericano de Ciencias Ambientales desde el 2020. En 2023 obtuvo el reconocimiento por parte de Forbes como una de las treinta mentes más sustentables de México y el nombramiento de Embajador para la Paz por parte de Universal Peace Federation. Consejero binacional de Fuerza Migrante. En junio de 2024 fue investido con la Orden de Caballero Águila, Grado Tlacaelel.