Las huellas del exasesor

El autor de este escrito nos regala una maravillosa pieza de equilibrismo político que transita entre la cátedra de pasillo gubernamental y el despecho del analista que hoy contempla el banquete desde la acera de enfrente, con el estómago vacío de presupuesto.
1.- Las Contradicciones del Poder: ¿Teoría de Estado o Chisme de Café?
El texto pretende ser un análisis estratégico sobre la toma de decisiones en la cúpula del poder, pero actúa bajo la lógica más pura del chisme parroquial.
Nos habla de «alta política», pero reduce la dinámica del movimiento a juegos de palabras dignos de secundaria: que si las siglas significan una cosa o la otra.
El autor se contradice de manera flagrante al evaluar la naturaleza del poder:
- Por un lado, nos pinta un panorama donde el «proyecto de la cuarta transformación» es lo que importa.
- Por el otro, nos demuestra que para él la política no es un asunto de ideologías ni de transformación social, sino un burdo tablero de cuotas, apellidos (Guerra, Clouthier) y traiciones explícitas (como la de Mijes renegando de su creador).
Dice que el llamado a la unidad de la precandidata cae en «oídos sordos», pero en lugar de criticar la sordera de los rebeldes como un acto de indisciplina partidista, la justifica, demostrando que su comprensión de «cómo actúa el poder» depende enteramente de qué tan bien le caiga el poderoso en turno.
2.- El Síndrome del «Eterno Asesor» hoy en la Banca
Aquí es donde la prosa destila su verdadero aroma.
El tono del escrito es el de alguien que extraña desesperadamente que le paguen por dar consejos.
Se nota la escuela de haber sido asesor de la Secretaría General de Gobierno por varios sexenios y del Congreso:
El autor tiene el vicio de la «falsa encrucijada».
Nos plantea un escenario apocalíptico donde el poder central está atrapado: si la dejan, pierden, si la quitan, se les incendia el país.
Es el clásico truco del asesor para justificar su sueldo:
Inventar un laberinto sin salida para luego venderse como el único con el hilo de Ariadna.
La paradoja es deliciosa:
Un hombre que presume de conocer las entrañas de la administración pública y los hilos del Congreso, hoy se encuentra en la honrosa fila de los desempleados del gobierno, viendo cómo el poder se mueve perfectamente, sin sus asesorías.
3.- La Huella del Crimen y el Inevitable Descaro Final
Como bien decía Sherlock Holmes, el autor del crimen siempre deja huellas que lo delatan.
Nuestro analista intentó mantener una fachada de neutralidad analítica durante casi todo el texto, disfrazándose de observador objetivo que se preocupa por el destino de Nuevo León y el beneficio involuntario de Adrián de la Garza.
Pero el impulso del militante o del idólatra es más fuerte que el rigor del analista.
Al final, el autor no puede contenerse y deja su enorme huella digital en la escena:
«Si me preguntan mi punto de vista, la Tía Tatis es la mejor opción».
¡Y por si fuera poco, lo repite dos veces!
Esa preferencia —legítima en el papel, pero fatal para su credibilidad— desmorona todo el teatro previo.
No estábamos ante un análisis desapegado de la realidad política; estábamos ante una carta de amor político disfrazada de columna de opinión.
Al firmar con su favorito, el escrito confiesa su verdadero delito:
Todo el texto no fue más que un elaborado rodeo para justificar su simpatía personal.
El criminal ha dejado su confesión firmada con rímel y nostalgia por los tiempos en que el presupuesto gubernamental aún le sonreía.


