El peligroso error de aferrarse a unas encuestas

Ernesto Pompeyo Cerda Serna DETONA® La soberanía de papel ante el garrote de Washington y una falsa interpretación del proverbio árabe: "Me sentaré a la puerta de mi casa a ver pasar el cadáver de mi enemigo"

Por Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Ernesto Pompeyo Cerda Serna
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La gran paradoja de este ejercicio de política ficción es tan cínica como didáctica: apretar las tuercas hacia adentro para simular una fuerza que no se tiene hacia afuera es la receta perfecta para el aislamiento

La soberanía real no se defiende con discursos inflamados frente al espejo mientras el territorio se balcaniza en la sombra; se construye con instituciones sólidas, control geográfico efectivo y una economía blindada contra los humores del vecino. 

Mientras un Estado prefiera usar su inteligencia para cazar disidentes en casa en lugar de descifrar las tormentas del tablero exterior, estará condenado a la misma vieja y trágica lección del realismo político: en la mesa de las naciones, el jugador que no llega preparado y con cartas reales en la mano, no se sienta a negociar... se sienta a esperar las condiciones en las que va a ser devorado.

Confiar el destino de una nación a las encuestas de un tercer país no es diplomacia; es un acto de fe mística mal disfrazado de estrategia. 

En los pasillos del poder en la Ciudad de México, el optimismo burocrático suele construir altares a los sondeos de opinión estadounidenses, asumiendo que el votante conservador es una anomalía pasajera y no una fuerza tectónica permanente. 

Sin embargo, la historia electoral reciente ha demostrado que el voto duro republicano posee una cualidad escurridiza para los encuestadores y una contundencia brutal en las urnas. 

Construir una política exterior bajo la premisa de que los herederos de Donald Trump serán barridos en los próximos comicios es ignorar la regla de oro del realismo político: el enemigo de tu vecino no es necesariamente tu salvador, y la inacción disfrazada de "esperanza" es la antesala de la sumisión geopolítica.

Al final, la Realpolitik no perdonó el voluntarismo ni la soberanía de discurso. 

Cuando las mayorías conservadoras se atrincheraron en Washington, la terca realidad fronteriza desmanteló la ficción centralista: los gobernadores del norte tuvieron que aprender a hablar el idioma del dinero y la seguridad de Austin para no quebrar, la UIF descubrió que sus armas de asfixia fiscal solo servían contra enemigos de corral, y las Fuerzas Armadas terminaron patrullando los puentes internacionales bajo la mirada evaluadora del Comando Norte.

La gran paradoja de este ejercicio de política ficción es tan cínica como didáctica: apretar las tuercas hacia adentro para simular una fuerza que no se tiene hacia afuera es la receta perfecta para el aislamiento. 

La soberanía real no se defiende con discursos inflamados frente al espejo mientras el territorio se balcaniza en la sombra; se construye con instituciones sólidas, control geográfico efectivo y una economía blindada contra los humores del vecino. 

Mientras un Estado prefiera usar su inteligencia para cazar disidentes en casa en lugar de descifrar las tormentas del tablero exterior, estará condenado a la misma vieja y trágica lección del realismo político: en la mesa de las naciones, el jugador que no llega preparado y con cartas reales en la mano, no se sienta a negociar... se sienta a esperar las condiciones en las que va a ser devorado.

Ernesto Pompeyo Cerda Serna
Correo: cerda999@hotmail.com Contador Público y Auditor. Socio del Despacho D. E. C. y Miembro del Despacho Internacional PKF North American. Autor de los libros. Adiccionario Político. Kratologia. Literatura y Poder.