Especulación y futuro


Ante la incertidumbre del futuro, nuestros ancestros no tenían otra alternativa que la especulación.
Durante siglos, esta práctica fue la herramienta común para crear una narrativa que coincidiera con sus percepciones.
Era así , ya que los métodos para comprender la realidad que los rodeaba no se basaban en evidencias, ni mucho menos en la ciencia, que aún no se había consolidado como la mejor manera de modelar el futuro.
Para lo que no se podía predecir, se creaban mitos explicativos o se invocaban fuerzas aún menos comprobables.
En la era del Antropoceno, donde la información abunda, los datos históricos son numerosos y la transmisión del conocimiento es más fácil que nunca, resulta inaceptable que la especulación siga siendo la práctica preferida para formular verdades instantáneas.
Estas "verdades" se convierten en un obstáculo para la construcción de futuros alternativos deseables, plausibles, probables y preferibles.
La especulación, como una caja oscura creada por diversos actores con intereses propios, en su mayoría ajenos al bien común, nos impide vislumbrar estos futuros alternativos.
Cuando no existe información suficiente especulamos para completar la verdad que reduzca la ansiedad originada en la incertidumbre.
Cuando iniciaron las tecnologías de la información a mediados del Siglo XX se hablaba de una sociedad futura manejada por datos, que se construiría para cumplir la tan familiar promesa modernista de alcanzar un conocimiento mejorado: datos fuente abundantes, manejados por maquinas imparciales que revelarían las secretas correlaciones que gobiernan nuestros cuerpos y el mundo social.
La realidad que hoy se vive es muy alejada de aquella imparcialidad ofrecida, pues detrás de cada maquina inteligente siempre existe alguien que engrasa sus ruedas para que se mueva en la dirección que intencionalmente se desea, aunque se sacrifique la prometida objetividad tecnológica.
