La jaula de la identidad

En mi época, los adolescentes y jóvenes nos reuníamos para practicar algún deporte, o para protestar contra actos de autoridad que nos afectaban, como las alzas en las tarifas del transporte público, también por actitudes que considerábamos que atentaban contra nuestra libertad y dignidad en nuestra época estudiantil.
Eran actividades que nos identificaban como grupo y que nos daban pertenencia.
Hoy cuando las grandes ideologías ya no son tema importante, la identidad social se ha convertido en un producto más de consumo, ser “therians” puede leerse como una búsqueda desesperada de pertenencia a micro comunidades efímeras.
En épocas pasadas identificarse con un lobo, un zorro o un águila era una metáfora, es decir, identificarse con un lobo por ser una persona solitaria, libre.
O astuto como un zorro o ágil como un águila.
Ahora no se trata d sentirse como un animal en sentido poético, sino de tomar una identidad biológica basada en una sensación interna.
Elegir ser un therians, puede interpretarse como un mecanismo de regresión, porque un animal no tiene responsabilidades, ni hipotecas, ni angustia existencial.
Así en lugar de enfrentar la complejidad de convertirse en adulto, retroceden a un estadio de animalidad.
¿Qué papel debemos jugar los adultos?
¿No juzgar y respetar identidades, abdicando al rol de orientador? o aconsejar y ayudar a los jóvenes a ubicarse en la realidad que nos rodea.
Lejos de ser una liberación, el auge de los therians puede ser la metáfora perfecta de nuestro encierro, en la que los jóvenes, al no poder cambiar el mundo, cambian su propia especie para sentirse libres dentro de una sociedad que ya no les ofrece una narrativa colectiva en que creer.
El problema es grave, porque quizás no es que quieran ser animales.

