El mensaje

Hugo Chávez se aprovechó del descrédito de la clase política y de una bonanza petrolera para destruir la democracia que le había llevado al poder.
Antes, la gente olvidó -como ocurre frecuentemente- que Chávez siempre despreció a la democracia. Fue un golpista fallido. Usó el voto para después triturarlo.
Destruyó a las instituciones, se hizo leyes a la medida y hasta confeccionó una constitución a su gusto y medida.
Lo hizo apoderándose del Poder Legislativo para luego cesar a más de 400 jueces y disolver la Corte Suprema para sustituirla con un tribunal afín y castrado.
Sus abusos más allá de la ley las sustentó con ingresos extraordinarios por petróleo (más de mil millones de dólares) y una gran capacidad de comunicación. Inventó un programa:
- ¡Aló presidente! un maratón semanal de horas y horas de propaganda.
Pero hizo algo, quizá, peor: generó un Estado criminal.
Chávez compró y pervirtió a las fuerzas armadas, y generó una amalgama entre el Estado, el poder militar y el crimen organizado.
Importó el modelo cubano de control social a nivel cuadra: los vecinos espiando vecinos.
El amasijo entre generales, narcos, FARC y una base social armada y adiestrada para el control político permitió todo tipo de excesos.
La tragedia terminó en 2013, pero, diría Marx, le seguiría una farsa.
Nicolás Maduro, escogido por un Chávez convaleciente, sólo estudió hasta secundaria, fue chofer y adoctrinado en Cuba.
Sin las capacidades histriónicas, la preparación, la astucia ni el dinero de Chávez, Maduro extendió durante doce años agónicos su dictadura.
- Reprimió disientes.
- Encarceló opositores.
- Finalmente, perdió su reelección y terminó gobernando, literal, por sus pistolas.




