“Monstruos” destruidos, inteligencia ausente

Arturo Cueto DETONA® La Fiscalía General de la República a cargo de la fiscal de “hierro” Ernestina Godoy volvió a “presumir” la destrucción de vehículos blindados artesanales —los llamados monstruos— utilizados por el crimen organizado en Tamaulipas.

Por Arturo Cueto
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FGR destruye 23 “monstruos” en Tamaulipas.
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Tan solo entre noviembre de 2025 y enero de 2026 fueron destruidas 23 unidades vinculadas a 19 carpetas de investigación. 

En 2025, la cifra acumulada en la entidad tamaulipeca asciende a poco más de 300 vehículos de este tipo.

La pregunta obligada no es cuántos monstruos se destruyen, sino por qué el Estado mexicano sigue llegando tarde.

Estos vehículos no se fabrican en una noche ni aparecen por generación espontánea. 

Requieren talleres, mano de obra especializada, tiempo, logística y, sobre todo, insumos industriales: lámina de acero de grueso calibre, soldadura especializada, suspensiones reforzadas, modificaciones estructurales, pintura automotriz y, en muchos casos, motores adaptados. 

Todo ello deja rastro.

  • ¿De verdad no existen sistemas de inteligencia financiera, comercial o industrial capaces de detectar compras atípicas de acero balístico o lámina de alto espesor por parte de particulares?
  • ¿No resulta sospechosa la adquisición recurrente de pintura automotriz en tonos militares —gris, verde seco, caqui— por personas sin talleres registrados?
  • ¿No hay cruces de información entre SAT, aduanas, distribuidores de acero y autoridades de seguridad?

El problema no es la falta de indicios, sino la ausencia de voluntad o capacidad para analizarlos.

Más grave aún es lo que ocurre después del aseguramiento. 

Casi 300 vehículos destruidos y, sin embargo, muy pocos arrestos relevantes

Cada uno de esos monstruos debió ser una mina de oro forense: huellas dactilares, rastros hemáticos, tejido humano con ADN, residuos balísticos, casquillos percutidos, modificaciones seriadas, soldaduras con firmas técnicas identificables, números de chasis, números de motor, propietario original, etc., etc. 

Todo eso permite reconstruir redes criminales, talleres, tiradores, operadores logísticos y mandos.

Pero el mensaje oficial se limita a la destrucción del objeto, no a la desarticulación de la estructura criminal que lo produjo y utilizó.

Mientras tanto, el despliegue de miles de soldados y elementos de la Guardia Nacional continúa operando bajo una lógica reactiva: enfrentamientos, aseguramientos, decomisos… y vuelta a empezar. 

El juego del gato y el ratón, donde el Estado corre detrás del último vehículo asegurado mientras el siguiente ya se está fabricando.

No se trata de romantizar la investigación criminal ni de creer que la realidad funciona como una serie de detectives en streaming. 

Se trata de algo más básico: en casi cualquier país, la investigación sigue a la evidencia

En México, demasiadas veces la evidencia termina reducida a chatarra sin consecuencias penales de fondo.

Hasta que no existan cuerpos policiacos civiles robustos, con capacidades reales de inteligencia, análisis financiero, forense y de prevención del delito, el problema persistirá. 

Destruir monstruos sirve para la foto, pero no para recuperar el control del territorio.

Porque mientras el Estado celebra cada vehículo destruido, el crimen organizado ya está construyendo el siguiente.
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Arturo Cueto
Economista por la Facultad de Economía de la UANL. Ha sido funcionario de organismos empresariales y del sector público, estatal y federal. Micro empresario y profesionista independiente desde hace 20 años. Se desempeña como promotor cultural.