
1.
Sin embargo, tal contraste no fue obstáculo para que se casaran.
Pasaron los años, llegaron los hijos, y la sombra de los partidos continuó en medio de la ya anciana pareja.
Vio jugar a los pequeños, y hasta al grande, cuando fue QuarterBack de los Borregos.
Los nietos siguieron el mismo camino.
2.
El domingo pasado, como todos los años, organizó con su esposo una reunión familiar para ver el Super Bowl, convocando a toda la familia.
Ella misma preparó la paella, ayudada por hijas, nueras y nietas, que tanto gusta a sus descendientes, y él se encargó de las bebidas.
Se pasaba más tiempo en la cocina, y trayendo viandas y tragos, hasta que pudo sentarse y escuchar de su viejito, como lo hacía en cada ocasión semejante, y sin retener la información, en qué consistía un primera y diez, una interferencia ofensiva, y la diferencia entre gol de campo y punto extra.
3.
Se le iluminó la cara cuando llegó la nieta preferida, la más traviesa desde chiquilla, y la primera que se tatuó, con desagrado de papás y abuelos, menos de su tita querida, a quien abrazó efusivamente y se sentó a su lado.
- “¿A quién le vas, hijita?”, preguntó la gozosa anciana.
- “No tengo idea de quién va a jugar futbol americano en el concierto de Bad Bunny y, además, me da FOMO perdérmelo, pues todas mis amigas estarán al pendiente en las redes sociales”.
La abuelita no entendió la expresión, y preguntó a su nieto más cibernético qué significaba.
4.
Le explicó, con paciencia inusitada para su edad, que FOMO significa miedo a perderse algo o quedarse fuera (Fear of Missing Out en inglés), y se caracteriza por una gran ansiedad provocada por el temor a que otros vivan experiencias gratificantes, y las publiquen en sus redes sociales, quedando ausente de ellas.
Quien padece el FOMO se la pasa pegado al celular, navegando en internet, y desarrolla una profunda envidia de quien sí tiene esas vivencias, llegando inclusive a desarrollar sentimientos negativos hacia esa persona, y cayendo en una severa soledad.
