El ocaso de la diplomacia en la nueva geopolítica

José Luis Elizondo Treviño DETONA® El estado de confrontación que sostienen Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán evidencia, ante todo, el fracaso de la diplomacia.

Por José Luis Elizondo Treviño
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O, peor aún, sugiere que en el actual entorno geopolítico, la diplomacia ha degenerado en conflicto armado, es decir, la guerra es la nueva forma de diplomacia. 

Este fenómeno revela el profundo debilitamiento de los mecanismos de negociación pacífica y expone la inoperancia de los organismos multilaterales, comenzando por la Organización de las Naciones Unidas.

Hace 2,500 años, el estratega chino Sun Tzu escribió en “El arte de la guerra” una sentencia que hoy resuena como un reproche: "La suprema excelencia no es ganar cien batallas, sino rendir al enemigo sin combatir". 

Por su parte, el militar prusiano Carl von Clausewitz definió en el siglo XIX, en su tratado “De la guerra” el conflicto armado como "la continuación de la política por otros medios". 

Ambas ideas siguen vigentes en los mandos militares, pero algo ha cambiado.

La lógica de Clausewitz parece haberse invertido. 

Lo que observamos hoy no es que la política defina la guerra, sino exactamente lo contrario: es la guerra la que está definiendo la política. 

Al menos así ocurre en el caso de Benjamin Netanyahu y Donald Trump

Este último, en particular, apuesta por la escalada militar como plataforma para impulsar un triunfo electoral en las elecciones de medio término que los estadounidenses celebrarán en noviembre próximo. 

La fuerza, en este esquema, ya no sirve a la razón política; la reemplaza.

Irán, por su parte, ha adoptado una lógica de guerra perpetua

Inspirado en la memoria del Imperio persa, que durante siglos dominó una enorme extensión de territorio, el gobierno de los ayatolás ha normalizado los ataques a bases militares y estratégicas estadounidenses ubicadas en países de Medio Oriente

Para Teherán, la guerra no es una excepción, sino un estado permanente.

Sin embargo, cuanto más se prolongue este conflicto, más se debilita la posición política de Trump

Y esa fragilidad, paradójicamente, beneficiaría a los gobiernos de China y Rusia, que observan con cautela pero también con oportunismo el desgaste estadounidense.

El detonante inmediato de esta escalada fue Israel, tras los bombardeos preventivos en la denominada "guerra de los doce días" ocurrida en junio del año pasado; con ello arrastraron a Washington a un enfrentamiento que no buscaba. 

Netanyahu podría así convertirse en el iniciador de una conflagración de proporciones globales que involucre a las superpotencias. 

Escenario en el que, como siempre, toda la humanidad pierde.

En estos tiempos, ante el ocaso de la diplomacia, el mundo se acerca peligrosamente a una destructiva guerra de enormes proporciones. 

No es inevitable, pero la inercia actual empuja hacia allá.

¿Qué pensarían Sun Tzu y Clausewitz si vivieran en nuestros días? 

Quizá el primero recordaría que “ningún Estado se ha beneficiado de una guerra prolongada". 

Y el segundo, con su realismo crudo, advertiría que cuando la política abdica de su responsabilidad, la guerra deja de ser un medio y se convierte en un fin; y ese sería el mayor de los fracasos.

La diplomacia no ha sido derrotada por las armas, sino por los gobernantes que ya no negocian, porque negociar exige entender al otro. 

Y entender al otro es, en estos tiempos, una herejía.
José Luis Elizondo Treviño
Profesor y abogado con más de 30 años en el servicio público estatal y municipal. Articulista en diversos medios digitales.