Su voz se había entrecortado cuando daba el pésame “por nuestros compañeros que perdieron la vida” y ejercía su derecho al dolor.
Era el soldado que, tras de describir el operativo de captura del Mencho, reportaba el saldo de 25 guardias nacionales y dos servidores públicos caídos.
El general —que conoce como pocos qué significa enfrentar a los criminales— intentó iniciar la siguiente frase.
No pudo.
Entonces apresuró el final.
Levantó la voz para reconocer a “nuestro personal militar que realizó una operación exitosa, porque se puede ver desde muchas ópticas, pero es definitivo que cumplieron su misión”.
Y con tono más alto, concluyó:
“¿Qué es lo que se demostró? ¡La fortaleza del Estado mexicano, de eso no hay duda!”.
Fue también el remate a lo iniciado minutos antes por la presidenta Sheinbaum, quien expresó que “el pueblo de México debe sentirse muy orgulloso de sus Fuerzas Armadas y el gabinete de seguridad”.
Quizá no se necesite agregar nada.
El gobierno mexicano demuestra que ha cancelado los funestos años en que se abandonó a millones de personas en manos de los menchos.
El conmovido general Trevilla encumbró ayer esta nueva fase de fortaleza, seguramente sin sentir vergüenza de sus lágrimas.


