
El backstage del esplendor: La doble contabilidad del arte hacia el exterior, la Secretaría de Extensión y Cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) era un motor imparable de prestigio.
Bajo la dirección del doctor Celso José Garza Acuña, los años comprendidos entre 2017 y principios de 2022 se recuerdan como una época dorada de eventos masivos: ferias del libro que desbordaban los recintos, festivales de teatro, conciertos de gala en el Aula Magna y exposiciones internacionales que incluían obras de la talla de Fernando Botero.
En las fotografías oficiales, el secretario sonreía junto a intelectuales de renombre, diplomáticos y artistas de primer nivel, sin embargo, detrás del telón, la realidad financiera de la dependencia universitaria no se sostenía con el presupuesto oficial, sino con una ingeniería de deudas que terminó por colapsar.
«Mi función no era solo la de un administrador común. Yo era el operador, el brazo derecho, el hombre encargado de que la maquinaria no se detuviera, sin importar cómo», relata José Gerardo de la Garza Garza.
Quien fungió como administrador de la Secretaría desde mediados de 2017 hasta febrero de 2022, de acuerdo con su testimonio y los expedientes de investigación que hoy reposan en la Fiscalía General de Justicia de Nuevo León (bajo los números de carpeta de investigación FGJNL-025195/2024 y FGJNL-008895/2024), la opulencia de la Secretaría de Cultura se financiaba mediante un esquema sistemático de préstamos personales, créditos externos con financieras, deudas no reconocidas a proveedores y triangulaciones de efectivo.
Un torbellino financiero que, según los datos que integran la indagatoria, superó los 165 millones de pesos en un lustro y que hoy mantiene al exadministrador bajo una constante ola de amenazas por parte de acreedores que exigen su dinero
El arte de presupuestar al triple.
El mecanismo del sobregiro, el método era tan recurrente como insostenible, la Secretaría de Extensión y Cultura organizaba sus eventos insignia con presupuestos asignados por la UANL que resultaban meramente simbólicos frente al gasto real que se ejecutaba.
El ejemplo más claro eran las ferias del libro.
Con un presupuesto autorizado de apenas 3.5 millones de pesos, la operación real terminaba costando más de 12.5 millones por edición.
¿Cómo se cubría la diferencia de 9 millones de pesos?
A través de financiamientos directos solicitados a intermediarios, préstamos solicitados a empresas financieras a título personal o institucional, y créditos otorgados por los propios proveedores bajo la promesa de la Universidad liquidaría los saldos en el siguiente ejercicio fiscal.
Los compromisos con las promotoras de eventos y los artistas se firmaban sin tener los fondos en la cuenta bancaria. Para pagar los anticipos o liquidar los contratos en efectivo como exigían muchos invitados internacionales, se recurría a préstamos de emergencia, explica el exadministrador en los documentos que acompañan la denuncia por fraude.
La contabilidad interna de la Secretaría revela la magnitud del boquete financiero generado año con año entre 2017 y 2021:


