Opinión

La talacha no perdona

Gerson Gómez DETONA® Aguante, aguante, aguante, cantaban los de Inspector allá en Monterrey, cuando el ska todavía era religión y no playlist de Uber. 

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Por Gerson Gómez
Los que fueron, los que casi fueron y los que todavía creen que pueden.
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Pues aguante, señoras y señores, porque esta historia no es de Champions League ni de contratos millonarios. 

Esta es la historia de la talacha: el purgatorio futbolístico donde los que fueron, los que casi fueron y los que jamás serán se encuentran cada domingo para patear un balón, cobrar su sobre y demostrarle al mundo o al menos a las tres gradas de lámina, el talento no caduca, nomás se devalúa.

In the land of the free and the home of the talachero, Marco Fabián once wore the number 10 for Eintracht Frankfurt, Bundesliga, baby, copa del Mundo, Olympic gold. 

Ahora, look at him, defendiendo los colores del Boca Dallas en The Soccer Tournament, compartiendo cancha con Giovinco, con Nani, con el mismísimo Kun Agüero. 

One million dollars on the line, bro, un millón de dólares, la talacha del millón, le dicen, Marco ahí, con sus 37 años encima, still balling, todavía con ese toque de seda hacía llorar a los defensas alemanes.

Pero no se confundan, my people. 

En Dallas la talacha no es solo para los que tuvieron gloria, también están los prospects, esos chavos a los quince años everybody decía this kid is going places y el único lugar al que fueron fue a la liga dominical de Pleasant Grove. 

You know the type: el que tenía tryout con el FC Dallas y se rompió el ligamento en una cascarita.

El firmó con un equipo de segunda en México y lo cortaron antes de debutar, Now they play on Sundays, collect their two hundred bucks, drink Modelo after the game, and tell their kids they almost made it. Almost, la palabra más cruel del diccionario gringo y mexicano.

Aguante, Marco, Aguante, todos los talacheros de Oak Cliff y de Harry Hines, keep grinding.

Barra de Navidad, Jalisco. 

Suena bonito, ¿verdad? Como postal turística, pero aquí, en diciembre, no se viene a descansar, se viene a cobrar, la Copa Navidad 2025 repartió más de cien mil pesos al ganador, y el bombazo fue la Chofis López. 

Sí, Javier Eduardo López, el eterno prospecto de Chivas, él tenía más talento en el meñique izquierdo a la mayoría en todo el cuerpo, cambió las concentraciones por las after parties y los goles por los escándalos.

Ahora la Chofis es fichaje estelar del Chivas MV en el futbol llanero de Jalisco, no sabe si reír o llorar, porque verlo gambetear en una cancha de tierra, con las tribunas llenas de señores con cerveza en mano y niños. 

No tienen idea de quién fue, es como ver a un Ferrari estacionado en un baldío, funciona perfecto, pero nadie lo va a sacar a la autopista.

Los Altos de Jalisco, por Morelos, apareció el Gullit Peña, Carlos "Gullit" Peña, él fue crack en León, campeón con Chivas, y después se perdió entre Emiratos Árabes, escándalos y olvido. 

Ahora juega talacha en los pueblos, donde lo reciben como héroe y le pagan, el Gullit, alguna vez valió millones, hoy cobra por partido, antes gastaba en una cena.

Los pueblos de Jalisco son así, generosos con sus ídolos caídos, implacables con sus memorias.

Enero de 2026, la noticia revienta las redes: Oribe Peralta ficha con Chivas Impulsora para el Torneo Norte Sur en la Ciudad de México, Oribe, el Hermoso, el hombre le dio el oro olímpico a México en Londres 2012, el goleador de América y de Chivas, el tipo metía goles en finales como quien pide un café.

Ahora está aquí, en una cancha amateur de la capital, con un uniforme rojiblanco. 

No es el oficial, pero lleva el mismo escudo pirata de la lagunilla o Tepito, corre, mete goles, la gente enloquece como si fuera el Azteca en noche de liguilla.

Aguante, aguante, aguante, lo hace Oribe, aguantar el retiro, el aburrimiento, la irrelevancia mediática, baja al llano y recuerda sigue siendo él, los reflejos no se olvidan, el gol es un vicio, no se cura con jubilación.

Julio de 2026, san Pedro Garza García, Nuevo León. 

El barrio más fresa del norte de México, en una cancha de pasto sintético, cuesta más a un departamento en la Roma, André-Pierre Gignac juega talacha. 

  • El francés.
  • El ídolo máximo de Tigres.
  • El hombre hizo historia en el Volcán.

¿Y Gignac en la talacha? Lo mismo hacía en Liga MX. 

Enojarse. Le meten una falta, protesta, empuja al árbitro, se gana la amarilla, la misma pasión del Clásico Regio, pero ahora contra el equipo de contadores de San Pedro. 

Los aficionados de Tigres ven el video en redes y lloran, regrésate, Bomboro, Gignac aguanta en el llano, porque el futbol es el futbol, sea en el Volcán o en una cancha con gradas de plástico.

Monterrey también están los otros, los frustrados, hicieron prueba en Rayados y se quedaron en la puerta, jugaron en la Sub-17 de Tigres y después desaparecieron. 

Esos son los verdaderos talacheros, los eternos prospectos prometían grandes dotes y se quedaron en la nada, hoy cobran sus quinientos pesos por partido, se ponen rodilleras de farmacia y corren como si la vida dependiera de ello, porque así es.

No todo es nostalgia y risas, en Celaya, Guanajuato, tres futbolistas amateur, talacheros cobraban por partido, fueron asesinados entre febrero y abril de 2026, el crimen organizado tiene los ojos puestos en las canchas llaneras, donde circula dinero de apuestas, donde los ídolos callejeros son vulnerables.