Siempre me han gustado las frases célebres, las analogías y las metáforas, por lo que iré al grano:
El gobierno, con su responsabilidad de ver por todos los ciudadanos, hace el rol de la esposa creadora del hogar; es quien facilita y acomoda; la mano que tiende, la ayuda amiga; es el pilar, la que acoge y brinda todas las condiciones necesarias para que exista la paz, la armonía, el balance y la seguridad, incluso, administra el dinero que garantiza la sobrevivencia, por lo menos a corto y mediano plazo.
El empresariado, en su papel de generador de riqueza, es el esposo proveedor, el que da trabajo y apoya el desarrollo; aquél que construye la casa para una familia llamado país, pues el gobierno no puede hacerlo solo.
Con sus altas y sus bajas, no es un matrimonio perfecto, pero es funcional; después de todo, hablamos de socios de vida, de transacciones, de correspondencia: yo te doy, tú me das, nos damos.
Es un pacto justo.
Sin embargo, los roles se han intercambiado. El gobierno está tras los empresarios. La mujer trata, erróneamente, de conquistar al hombre. El gobierno, que representa y cuida a la familia mexicana, debería de ser la esposa deseada y el empresario anhelar conquistarla por sus múltiples cualidades y virtudes, no al revés.
En la actualidad, existen 195 países en el mundo, es decir, 195 novias disponibles. No todas son deseables, sin embargo, hay unas que vislumbran y el empresariado está ávido de encontrar la mejor para casarse.
Ahí andan, morenistas y emecistas urgidos (ya piensan tan parecido que hasta se les confunde). Buscan a la iniciativa privada, les piden ayuda, le ruegan que salgan al quite al ponerse las cosas mal, cuando no han hecho más que criticarla, maltratarla, robarla y pedirle moches para que pueda trabajar, generar dinero.


