
Friedman devasta con unas cuantas palabras y con unas cuantas preguntas, muy viejos y muy tercos lugares comunes sobre la perversidad del capitalismo y sobre su responsabilidad en la inicua distribución de la riqueza en el mundo.
El entrevistador pregunta a Friedman si no le da vergüenza defender un sistema basado en la codicia: “Cuando ves la mala distribución de la riqueza, tan pocos que tienen tanto y tantos que no tienen nada… ¿nunca has dudado del capitalismo, de si la codicia es una buena idea?”.
Friedman responde: “Primero, dime: ¿conoces alguna sociedad que no funcione con codicia?, ¿crees que Rusia no funciona con codicia?, ¿que China no?, ¿y qué es la codicia?, ninguno de nosotros es codicioso, claro. El codicioso siempre es el otro”.
La gente en el estudio ríe, y Friedman asalta entonces el supuesto justiciero del que parten las preguntas de su entrevistador, a saber: que el gobierno podría corregir la pobreza y la mala distribución de la riqueza creada por la codicia del capitalismo.


