Her Majesty
Primer encuentro:
Mi hermano mayor, Roberto, trajo a casa el flamante álbum de Los Beatles, recién desempacado de la tienda.
En lo que él ponía el vinilo en la consola, yo andaba por ahí de pegote de mi brother el mayor, así me fui enterando de las canciones nuevas que venían en Abbey Road (1969). Sensacional para un niño de nueve años.
La sorpresa vino al final: después de una pausa, Paul empieza a cantar “Her majesty is a pretty nice girl… (Su Majestad es una chica muy linda) but she dosn’t have a lot to say” (pero no tiene mucho qué decir”).
Fascinante. ¿Quién es la Reina de Inglaterra?, me preguntaba.
Afortunadamente, uno de los tomos azules de la Enciclopedia Británica que mis papás habían comprado en abonos me sacó de la duda.
Segundo encuentro:
Ya casi veinteañero, estudiando yo Relaciones Internacionales en el Distrito Federal, recuerdo una viva conversación en la cafetería de la escuela, entre varios de mis compañeros, sobre alguna noticia del día de la Reina Isabel y la monarquía inglesa, a fines de los años setentas.
Me recuerdo como un intenso antimonarquista, consideraba a reyes, reinas y princesas una reliquia del pasado europeo, cómo era posible que siguieran existiendo si eran unos parásitos, en fin, todo lo que un joven izquierdista podría decir de Doña Isabel.

